Un bono dollar-linked se suscribe y se paga en pesos, pero su capital ajusta según la evolución del tipo de cambio oficial mayorista entre la fecha de emisión (o el último cupón) y cada fecha de pago, más una tasa adicional —típicamente pequeña o incluso negativa en algunos tramos, según cuán demandada esté la cobertura— pactada al momento de la colocación. Funcionalmente, replica el resultado económico de haber comprado dólares al tipo de cambio oficial en el momento de la inversión, sin necesidad de acceder efectivamente al MULC.

La diferencia funcional con un bono CER es central para decidir cuál conviene en cada escenario: el CER cubre de la inflación, mientras que el dollar-linked cubre específicamente de un movimiento del tipo de cambio oficial. En contextos donde el tipo de cambio se ajusta a un ritmo similar o inferior a la inflación (lo que en la jerga de mercado se describe como atraso cambiario), el CER tiende a rendir más en términos nominales. En escenarios donde el mercado anticipa que la corrección cambiaria va a superar a la inflación acumulada en el mismo período —por ejemplo, ante la expectativa de una devaluación discreta tras un evento político puntual—, el dollar-linked se vuelve la cobertura más eficiente.

El pricing de estos instrumentos se expresa como devaluación + X%, donde X es la tasa real que el inversor obtiene por encima del movimiento esperado del tipo de cambio oficial. Es habitual observar que, en períodos donde la demanda de cobertura cambiaria es muy alta (por ejemplo, en la previa de un evento electoral), el mercado convalide tasas reales negativas en dollar-linked de corto plazo: el inversor acepta pagar por la cobertura, similar a lo que ocurre con un seguro, porque valora más la certeza de no perder poder adquisitivo en dólares que maximizar el rendimiento nominal.

Un elemento técnico poco conocido es que el Tesoro y el BCRA pueden influir directamente en el atractivo relativo de estos instrumentos: cuando el BCRA vende bonos dollar-linked de su propia cartera en el mercado secundario, incrementa la oferta disponible y puede comprimir el spread que ofrecen los nuevos instrumentos, una herramienta que se usa habitualmente para desalentar la demanda de cobertura cambiaria sin necesidad de intervenir directamente en el mercado de futuros de dólar.

Para quien evalúa esta cobertura, conviene recordar que el dollar-linked replica el tipo de cambio oficial, no el CCL ni el MEP: en un escenario de ampliación de brecha sin devaluación del oficial, este instrumento no protege contra esa dinámica específica, lo que lo distingue claramente de mantener dólares físicos o CEDEARs, cuyo valor sí está más ligado a los dólares financieros.