1. El empleo de agosto revivió la subade tasas

¿Qué pasó? La economía estadounidense creó 162.000 puestos en agosto, contra 53.000 esperados. El desempleo se mantuvo en 4,1% y los salarios subieron 0,3% en el mes y 3,1% en el año. Las revisiones sumaron 55.000 puestos a junio y julio. La probabilidad implícita de una suba de tasas el 15 y 16 de septiembre volvió a la zona de 50% a 65%. La tasa de referencia sigue en 3,50%-3,75% desde diciembre.

¿Por qué importa? La Fed tiene dos mandatos, empleo y precios, y el empleo es el que le da permiso para preocuparse por la inflación. Mientras el mercado laboral se enfría, puede tolerar precios altos asumiendo que la propia debilidad los va a bajar. Con un dato de empleo fuerte, ese argumento se cae. Por eso una buena noticia para la economía real funciona al revés en el mercado: sube la tasa descontada, suben los rendimientos de los bonos y se abarata el valor presente de las ganancias futuras.

Nuestra visión: Creemos que el mercado todavía no descontó del todo el escenario que más incomoda: una Fed que sube con la inflación empujada por energía y no por demanda. Vemos el riesgo principal en el tramo corto de la curva, no en las acciones. Preferimos esperar el IPC del jueves 10 antes de mover duration: es el dato que define la reunión.

2. El petróleo se disparó por la reescalada con Irán

¿Qué pasó? El Brent cerró en USD 96,28, con una suba semanal de 7,6%, y el WTI en USD 91,48, cerca de 10% arriba. Es la mayor ganancia semanal desde julio. Estados Unidos atacó lanzadores de misiles iraníes el lunes 31, Kuwait denunció ataques con misiles y drones el jueves 3, y el diésel minorista tocó un récord histórico de USD 5,85 el galón.

¿Por qué importa? El petróleo es el precio que más rápido se mete en todos los demás. El detalle clave es el diésel: no es un combustible de consumo sino un insumo de la producción, mueve camiones, barcos y maquinaria agrícola, y su récord se traslada al costo de casi todo lo que se transporta. Los bancos centrales en teoría deberían ignorar un shock de oferta, porque subir la tasa no produce más barriles, pero no pueden: si dura, contamina las expectativas de inflación.

Nuestra visión: Vemos un mercado que está pagando prima de miedo más que corte de suministro: el tránsito por Ormuz siguió alto toda la semana. Eso hace al movimiento reversible en el precio, pero no en el daño ya hecho: el diésel en récord se traslada a fletes y a precios finales con rezago. Mantenemos sesgo positivo en energía como cobertura, no como apuesta direccional.

3. La inflación global volvió por la energía y el BCE quedó contra la pared

¿Qué pasó? La inflación de la eurozona saltó a 3,3% anual en agosto desde 2,9%, el nivel más alto del año, con la energía subiendo 14,3% i.a. El núcleo, en cambio, bajó a 2,4%. El mercado descuenta que el Banco Central Europeo sube la tasa 25 pb el jueves 10, de 2,25% a 2,50%. En Estados Unidos, el índice de precios pagados del ISM de servicios llegó a 72,6, máximo desde agosto de 2022.

¿Por qué importa? La inflación núcleo excluye energía y alimentos, los rubros más volátiles, y por eso muestra mejor la tendencia de fondo. Cuando la general sube y el núcleo baja, el problema viene de afuera del sistema de precios, no de un exceso de demanda. La distinción define la respuesta: un shock de oferta se aguanta, un exceso de demanda se combate con tasa. El dilema del BCE es que la gente no vive del núcleo, vive de la general, y es la general la que forma sus expectativas.

Nuestra visión: Creemos que esta es la diferencia con 2022: el núcleo no acompaña. Un shock de oferta que no contamina la inflación subyacente no debería forzar un ciclo largo de subas, pero sí obliga a los bancos centrales a moverse para defender expectativas. Vemos más riesgo de error de política que de inflación persistente, y eso favorece duration corta sobre larga.

4. Las tasas largas en máximos de tres años

¿Qué pasó? El rendimiento del bono del Tesoro a 10 años tocó 4,818% el miércoles 2, máximo desde noviembre de 2023, y cerró en 4,78%. El de 2 años terminó en 4,37%, nuevo máximo de 52 semanas, y el de 30 años en 5,243%. Los movimientos fueron muy sensibles a cada declaración de la Fed: el gobernador Christopher Waller llegó a hacer retroceder las apuestas de suba hacia 50% a mitad de semana.

¿Por qué importa? El bono del Tesoro es el activo libre de riesgo contra el que se mide todo lo demás. Si ese piso sube, cualquier otro activo tiene que rendir más para seguir siendo atractivo, y eso se logra bajando su precio. Cada tramo dice algo distinto: el de 2 años refleja lo que se espera de la Fed, el de 30 años refleja cuánto se exige por prestarle a Estados Unidos tres décadas, donde pesa el déficit. Que suban los dos juntos es lo incómodo.

Nuestra visión: Vemos una curva que se aplana por el lado equivocado: sube el corto por la Fed y el largo no cede por el déficit. Con letras rindiendo por encima de 4% sin riesgo de precio, la vara para cualquier activo con riesgo quedó alta. Preferimos cobrar tasa corta antes que estirar duration mientras la reunión de septiembre siga siendo una moneda al aire.

5. El yen se dio vuelta y arrastró al dólar

¿Qué pasó? El dólar cayó a 156,26 yenes desde 160,15 la semana previa, el mejor movimiento del yen en un mes. Detrás hubo tres cosas juntas: desarme de posiciones de carry trade, versiones de intervención oficial japonesa y apuestas a que el Banco de Japón suba la tasa el 18 de septiembre. El índice DXY cerró cerca de 99 y en baja, algo llamativo con una Fed más dura.

¿Por qué importa? El carry trade consiste en endeudarse en yenes, que durante años costaron casi cero, para comprar activos que rinden más en cualquier parte del mundo. Funciona mientras el yen esté débil. Cuando se fortalece, la deuda se encarece de golpe y hay que vender activos para cubrirse; como las posiciones están apalancadas, la venta es rápida y no golpea a Japón sino a lo que se compró con esos yenes. El antecedente es agosto de 2024. Por eso una suba del yen es una señal de riesgo global, no una noticia local.

Nuestra visión: Creemos que este es el riesgo más subestimado del trimestre. El carry en yenes financia posiciones apalancadas en todo el mundo, y su desarme desordenado golpea primero a los activos de riesgo, no a Japón.

6. Broadcom mostró la mejor cifra de IA del trimestre y la acción no se movió

¿Qué pasó? Broadcom reportó el miércoles 2 ingresos por USD 29.591 millones, 86% más que un año atrás, con ingresos de inteligencia artificial por USD 16.700 millones, un salto de 221%. Proyectó USD 34.800 millones para el trimestre en curso y elevó su expectativa de ingresos de IA para 2027 a USD 115.000 millones. La acción cerró casi sin cambios, contra un movimiento de 7% que descontaban las opciones. Dell subió cerca de 9% por una cartera de pedidos de USD 95.000 millones y Snowflake más de 20%. En la semana el S&P 500 subió 0,1%, el Nasdaq 0,4% y el Dow bajó 0,3%.

¿Por qué importa? El precio de una acción no refleja lo que la empresa gana sino la diferencia entre lo que gana y lo que ya se esperaba que ganara. Por eso una compañía puede crecer 221% y no moverse: ese número ya estaba en el precio. Cuando una empresa deja de sorprender, el múltiplo deja de expandirse y el retorno pasa a depender de las ganancias efectivas, no de que el mercado pague cada vez más por cada dólar de ganancia. Ese es el momento en que un tema de inversión madura.

Nuestra visión: Vemos la señal más importante del año en la reacción, no en el número. Cuando un crecimiento de 221% no mueve el precio, el ciclo dejó de sorprender: la IA pasó de tema de expansión de múltiplo a tema de cumplimiento de guía. Para quien tiene CEDEARs del sector, seguimos viendo el motor encendido, pero el retorno adicional exige ejecución, no relato.