En pocas palabras
Después del récord de la semana anterior, los mercados dieron un paso atrás y el protagonismo se lo llevó un lugar inesperado: los bonos del Tesoro estadounidense. La deuda a 30 años se vendió con fuerza y su rendimiento tocó 5,3%, el nivel más alto desde 2007, en medio de la preocupación por una deuda pública que ya superó los USD 40 billones. El Tesoro salió a responder duplicando su programa de recompras, y ese anuncio terminó desatando movimientos enormes fuera de la renta fija: el oro subió a máximos de tres meses y el bitcoin tuvo su mejor semana en más de dos años. Las acciones, en cambio, cerraron en baja. En paralelo, el petróleo volvió a subir porque el acuerdo por el Estrecho de Ormuz nunca se concretó. Esta semana el foco pasa a Jackson Hole y al balance de Nvidia.
El mercado de bonos se convirtió en el problema
Qué pasó: el eje de la semana estuvo en la deuda estadounidense de largo plazo. El rendimiento del bono a 30 años llegó a superar 5,3%, su nivel más alto desde 2007, y el de 10 años cerró en torno a 4,74%. Detrás hay dos causas que se refuerzan: el fuerte aumento de la emisión de deuda por parte de las empresas de inteligencia artificial, que compite por el dinero de los inversores, y el deterioro de las cuentas públicas estadounidenses, con una deuda que ya pasó los USD 40 billones. El miércoles el Tesoro reaccionó: su titular, Scott Bessent, anunció que al menos duplicará el tamaño de sus recompras de deuda de largo plazo, de USD 2.000 a un mínimo de USD 4.000 millones, con operaciones entre septiembre y noviembre. El rendimiento a 30 años bajó a 5,19% tras el anuncio, pero volvió a subir el jueves ante las dudas del mercado sobre la eficacia de la medida.
Por qué importa: cuando sube la tasa de los bonos largos sube el costo de financiamiento de toda la economía, desde las hipotecas hasta la inversión de las empresas. Y que el mercado siga exigiendo más rendimiento incluso después de la intervención del Tesoro es la señal de fondo: los inversores están empezando a pedir una compensación mayor por prestarle a Estados Unidos a largo plazo. Es un tema estructural que probablemente siga sobre la mesa en los próximos meses.
Las acciones perdieron terreno
Qué pasó: la tensión en los bonos le pasó factura a la renta variable, que cortó la racha positiva. El S&P 500 cerró el viernes en 7.674,37 puntos, el Nasdaq en 26.180,45 y el Dow Jones en 53.277,01. Los tres índices subieron el viernes, pero no alcanzó para revertir una semana negativa. El dato económico que ayudó al cierre fue positivo: la actividad empresarial estadounidense creció a su mayor ritmo en más de cuatro años. El sector financiero fue el que más aportó, impulsado por las acciones vinculadas a criptomonedas.
Por qué importa: es el mecanismo clásico. Si los bonos del Tesoro pagan más, las acciones tienen que competir contra una alternativa más atractiva y con menos riesgo, así que los precios se ajustan. La foto muestra que el mercado sigue firme en lo económico, pero incómodo con las tasas.
El oro voló y el bitcoin tuvo su mejor semana en dos años
Qué pasó: el anuncio del Tesoro tuvo un efecto secundario enorme. El oro subió alrededor de 5% en la semana y llegó a superar los USD 4.600 la onza, su nivel más alto desde mediados de mayo, mientras la plata pasó los USD 69. Y el bitcoin protagonizó el movimiento más llamativo: acumuló cerca de 24% de suba, su mejor semana desde marzo de 2023, tras arrancar el lunes en torno a los USD 62.800 y tocar un máximo de USD 79.461 el viernes, para terminar el fin de semana cerca de los USD 77.000. El resto del universo cripto acompañó, con XRP saltando casi 40%. Las acciones ligadas al sector también volaron: Robinhood ganó cerca de 14% y Coinbase 8%.
Por qué importa: los tres activos subieron por el mismo motivo de fondo. Cuando los inversores dudan de la solidez fiscal de un país y su moneda se debilita, buscan refugios alternativos, y ahí entran tanto el oro como, cada vez más, las criptomonedas. Que el bitcoin haya reaccionado a un anuncio del Tesoro y no a una noticia propia del sector muestra hasta qué punto ya está integrado al resto del mercado financiero.
El petróleo volvió a subir porque el acuerdo se cayó
Qué pasó: el crudo cerró su segunda semana consecutiva de subas, del orden del 6%. El Brent terminó en USD 94,39 el barril y el WTI en USD 87,06. La razón es el giro respecto de principios de agosto: el acuerdo por el Estrecho de Ormuz que parecía cerrado nunca se materializó, el tono entre Washington y Teherán volvió a endurecerse y Estados Unidos avanza con más presión económica sobre Irán. El tránsito por el estrecho sigue en apenas 20% del promedio previo a la guerra.
Por qué importa: el mercado había festejado la reapertura antes de que ocurriera, y ahora la está descontando. Es un recordatorio de lo caro que sale anticiparse en un conflicto geopolítico. Para el bolsillo, el efecto ya se siente: la nafta en Estados Unidos promedia USD 4,11 el galón, casi un dólar más que hace un año.
Medio Oriente: escalada verbal en el fin de semana
Qué pasó: el conflicto se recalentó durante el sábado y el domingo. Un alto jefe militar iraní, aliado del líder supremo, afirmó que Teherán «no se someterá» y atribuyó el tono de Donald Trump a la desesperación. El jefe de seguridad iraní prometió «neutralizar la guerra económica» con Estados Unidos y amenazó directamente con cortar el flujo de petróleo por el Estrecho de Ormuz. En un gesto en sentido contrario, Irán anunció que permitirá el paso de buques petroleros iraquíes. Del lado estadounidense, se espera que este lunes se anuncien los detalles del nuevo paquete de sanciones económicas.
Por qué importa: es el principal riesgo abierto para los mercados. Una amenaza concreta sobre Ormuz alcanza para mover el precio del petróleo y, por esa vía, la inflación global y las decisiones de los bancos centrales. El anuncio de sanciones del lunes es el primer catalizador de la semana.
Lo que viene
Semana con tres eventos que pueden definir el clima de septiembre. El miércoles se conoce el índice de precios PCE, el indicador de inflación preferido por la Fed, con una expectativa de 3,3% anual para la medición núcleo. Ese mismo día, después del cierre, reporta Nvidia, la prueba más importante para la solidez del negocio de la inteligencia artificial. Y desde el jueves se realiza el simposio de Jackson Hole, donde el viernes a las 10 de la mañana Kevin Warsh dará su primer discurso como presidente de la Fed. Es su oportunidad de aclarar el rumbo tras la reunión dividida de julio, y llega diecinueve días antes de la decisión de tasas del 16 de septiembre. También se publicará la revisión del PBI del segundo trimestre y datos de confianza del consumidor, y habrá que seguir el paquete de sanciones a Irán que se anuncia el lunes.






