Elon Musk volvió a hacer historia. SpaceX comenzó a cotizar en bolsa a finales de la semana pasada tras completar el listado más grande de todos los tiempos, captando USD 75 mil millones a una valuación inicial de USD 1,76 billones.
La compañía cuenta con tres grandes divisiones. La primera, lanzamientos espaciales, un segmento de crecimiento moderado pero con elevada rentabilidad estructural. Starlink, la constelación de satélites que ofrece internet a escala global, es la segunda, con un negocio de rápido avance y altos márgenes. Y, finalmente, su división de inteligencia artificial, el área más prometedora de la firma, que incluye gigantescos centros de datos en construcción y el modelo Grok para competir contra OpenAI y Anthropic, entre otros ambiciosos proyectos.
Las acciones acumulan un retorno de 49,5% desde su lanzamiento, impulsando la valuación de SpaceX hasta USD 2,64 billones. De este modo, la empresa ya se posiciona como la sexta compañía más valiosa del mundo, apenas por debajo de Amazon.

Con SpaceX y Tesla entre las diez firmas más valiosas, Elon Musk se convirtió en el primer billonario de la historia, superando en más de cuatro veces el patrimonio de Larry Page, fundador de Alphabet y actualmente la segunda persona más rica del mundo.
Sin embargo, las empresas lideradas por Musk históricamente estuvieron rodeadas de fuertes controversias respecto a sus valuaciones. La principal crítica es que gran parte de su valor no se explica por resultados actuales, sino por expectativas extremadamente optimistas sobre su crecimiento futuro.
En este sentido, invertir en SpaceX o Tesla constituye, en gran medida, una apuesta sobre Elon Musk. Un emprendedor que logró hitos considerados imposibles, desafiando reiteradamente las expectativas del mercado y construyendo una credibilidad excepcional alrededor de su capacidad para ejecutar proyectos de enorme complejidad tecnológica.
SpaceX generó pérdidas en el último año y se espera que logre una modesta ganancia de unos USD 2,7 mil millones en los próximos 12 meses. Esto implica que su valuación actual equivale a 963 veces su ganancia esperada para el próximo año. De modo similar, Tesla cotiza a 318 veces su ganancia para dicho período.
Estos valores contrastan fuertemente con el resto de las compañías más valiosas del mundo, que actualmente cotizan en un rango de entre 13 y 33 veces ganancias.

El impresionante rendimiento de SpaceX desde su lanzamiento refleja una elevada demanda tanto de inversores minoristas como institucionales que quedaron excluidos de la colocación inicial.
Esta dinámica podría continuar en el corto plazo de la mano de la incorporación de la compañía a índices como Nasdaq 100, Russell 1000 y MSCI USA, entre otros. Esto obligará a fondos pasivos que replican dichos índices a incorporar acciones de SpaceX en sus carteras.
Resulta importante destacar que Nasdaq y FTSE Russell relajaron sus criterios de selección para acelerar la incorporación de SpaceX. En contraste, S&P Dow Jones decidió mantener sus requisitos sin modificaciones, exigiendo rentabilidad positiva y al menos 12 meses cotizando en bolsa antes de considerar su inclusión.
Ahora bien, luego de la primera presentación de resultados de SpaceX, prevista para agosto, comenzará a operar una dinámica potencialmente opuesta. A partir de ese momento, se iniciará un calendario gradual de liberación de restricciones para la venta de acciones por parte de empleados e inversores previos al debut en bolsa.
Esta nueva oferta de papeles presenta el riesgo de no ser completamente absorbida por el mercado, en especial si los resultados iniciales decepcionan o si el entusiasmo alrededor de la compañía comienza a moderarse. En ese escenario, podría destrabarse una dinámica de ventas capaz de ejercer fuerte presión bajista sobre la cotización.
Más allá de estas dinámicas de oferta y demanda en el corto plazo, el verdadero determinante del rendimiento de SpaceX en el mediano y largo plazo serán sus fundamentos.
En este sentido, la valuación actual se apoya sobre proyecciones extremadamente ambiciosas elaboradas por Goldman Sachs y Morgan Stanley, los principales bancos detrás de la salida a bolsa de la empresa.
En concreto, se espera que los ingresos crezcan a una tasa anual promedio de 91% durante los próximos cinco años, pasando desde USD 18,7 mil millones en 2025 hasta USD 160 mil millones en 2030. Al mismo tiempo, el margen de EBITDA evolucionaría desde terreno negativo hasta alcanzar 74% hacia el final del período, equivalente a USD 110 mil millones de EBITDA para el final del lustro.
Posteriormente, entre 2030 y 2040, las proyecciones contemplan un crecimiento de ingresos y ganancias cercano al 22% anual.

Estos números ya lucen muy desafiantes. Sin embargo, las hipótesis detrás de estas estimaciones son aún más exigentes y dependen de avances tecnológicos que todavía permanecen en etapas tempranas de investigación y desarrollo.
Entre ellos, aparece una de las ideas más ambiciosas de la compañía: el desarrollo de centros de datos espaciales para inteligencia artificial, un concepto que hoy se encuentra más cerca de la ciencia ficción que de una realidad comercial viable.
En conclusión, el mercado demuestra alto entusiasmo sobre el potencial de SpaceX. No obstante, la valuación actual ya descuenta gran parte de este éxito esperado, creando un entorno desafiante para superar expectativas y presentar rendimientos elevados en el futuro. A su vez, los desafíos tecnológicos son formidables, creando riesgos materiales a tener en cuenta por quienes estén considerando invertir en acciones de la empresa. Desde Agentina se podrán invertir bajo modalidad CEDEAR (SPCX).




