Las acciones volvieron a marcar máximos históricos, con los chips de IA liderando otra jornada sólida en tecnología. El petróleo subió levemente en medio de señales contradictorias sobre el avance de las negociaciones con Irán, mientras que los rendimientos de los bonos del Tesoro registraron un leve retroceso.

Las acciones cerraron con subas generalizadas. El S&P 500 y el Nasdaq subieron 0,1%, mientras que el Dow Jones avanzó 0,5%. Marvell trepó 29,0% luego de que el CEO de Nvidia, Jensen Huang, la señalara como la próxima empresa en alcanzar una capitalización de un billón de dólares. HPE subió 17,5% tras publicar resultados del Q2 que superaron ampliamente las estimaciones, con un EPS de USD 0,79 versus el estimado de USD 0,53, impulsado por la demanda de servidores de IA. Broadcom avanzó 3,0% y Qualcomm, 6,1%. Nvidia cayó 0,8% en una toma de ganancias tras la racha reciente.

Los rendimientos de los bonos del Tesoro cayeron levemente. La UST10Y retrocedió 3 pb y cerró en 4,45%, mientras que la UST2Y se mantuvo en 4,05%. Con esto, el índice de bonos del Tesoro cerró sin cambios. En corporativos, los Investment Grade operaron estables, mientras que los High Yield subieron 0,1%. La deuda de mercados emergentes avanzó 0,3%.

El DXY cerró en 99,21, igual que en la rueda anterior. El dólar no varió frente al euro, perdió 0,1% frente a la libra y ganó 0,2% frente al yen. En Brasil, el dólar cayó 0,7% y cerró en USDBRL 5,01. El oro no varió y se ubicó en USD 4.487 la onza. La plata subió 0,4% hasta USD 75,2 la onza.

El petróleo WTI avanzó 1,9% hasta USD 93,92 el barril, en una rueda volátil con señales contradictorias: Trump afirmó que un memorándum de entendimiento para reabrir el estrecho de Ormuz podría alcanzarse en la próxima semana, aunque los medios iraníes continuaron sembrando dudas sobre el estado real de las negociaciones. La incertidumbre mantuvo los precios elevados, por encima de los niveles previos al conflicto. El cobre avanzó 1,7% hasta USD 6,63 la libra, alcanzando máximos históricos, apoyado por la caída de la producción de Chile a mínimos de 23 años y la demanda estructural de IA y redes eléctricas.