Pese a que las negociaciones no establecen ni un acuerdo de paz ni una normalización del tránsito en el estrecho de Ormuz, el mercado se movió como si el conflicto se hubiese solucionado. La tregua por diez días anunciada por Trump e Irán a principios de la semana pasada y consolidada el viernes por el cese de fuego temporal entre Israel y el Líbano derrumbó el precio del petróleo, que cerró la semana apenas por encima de los USD 80 el barril. Esto, sumado a una temporada de balances que arrancó con muy buenos resultados, permitió una muy buena semana para los activos financieros, con un fuerte repunte de las acciones, mejora de los bonos, retroceso del dólar y suba de commodities no energéticos. A pesar del optimismo de las últimas ruedas, la situación en Medio Oriente sigue siendo muy inestable, con declaraciones cruzadas entre las partes en conflicto y un tránsito marítimo que está lejos de normalizarse, al tiempo que los daños en infraestructura son cada vez mayores. Con este marco de fondo, las miradas de esta semana seguirán en Ormuz y su impacto en la economía global, mientras que la agenda económica estará marcada por la temporada de balances del 1Q26 y por las ventas minoristas de marzo.

Geopolítica, energía y perspectivas de la economía global

La situación en Medio Oriente mostró señales de distensión, con anuncios de treguas y promesas de normalización del tránsito en el estrecho de Ormuz. Pese al optimismo generado, los daños en la infraestructura energética en los países del Golfo Pérsico son costosos y demandarán tiempo en repararse, lo que se convierte en una seria amenaza para la economía global.

Equilibrio inestable. La situación en Medio Oriente gira entre escalada y negociación. Si bien el conflicto entre EE. UU., Israel e Irán continúa activo y con alta tensión —incluyendo amenazas de nuevos ataques, bloqueo sobre Irán y choques indirectos en la región—, durante la semana pasada emergieron señales más claras de distensión, como contactos diplomáticos reactivados, mediación de terceros y treguas parciales, ahora sumando la de Israel y el Líbano, lo que sugiere un incipiente proceso de negociación. Sin embargo, las posiciones de las partes siguen siendo difíciles de compatibilizar y el conflicto ya se regionalizó, por lo que el escenario más probable no es una resolución rápida, sino acuerdos parciales o temporales que convivan con episodios de volatilidad, manteniendo un riesgo latente de escalada.

Costos crecientes. El último informe de la Agencia Internacional de Energía (IEA) destacó que el mercado petrolero global atraviesa la mayor disrupción de la historia reciente (e incluso comparable con las crisis de los años 70). Su origen radica en el conflicto en Medio Oriente y el bloqueo del Estrecho de Ormuz, que paralizó cerca del 20% del suministro mundial y provocó una caída abrupta de la oferta —de más de 10 millones de barriles diarios en marzo—, junto con daños a infraestructura y restricciones logísticas que podrían tardar años en revertirse. Este contexto presionó sobre el precio del crudo y generó una fuerte divergencia entre precios spot y futuros, reflejando escasez física, mientras que la demanda global pasó de crecer a contraerse en 2026 (–80 mil b/d, con caídas mucho más fuertes en el corto plazo), evidenciando un proceso de “destrucción de demanda” por precios altos y menor actividad. Al mismo tiempo, los inventarios globales están disminuyendo rápidamente fuera del Golfo, al tiempo que se acumulan en origen por la imposibilidad de exportar; las refinerías reducen procesamiento y aparecen cuellos de botella en combustibles clave como jet fuel, con riesgos concretos de desabastecimiento en Europa y Asia. Frente a esto, la IEA coordinó liberaciones masivas de reservas estratégicas como respuesta de emergencia, aunque advierte que son paliativas, y subraya que el shock no solo es energético, sino macroeconómico, con impacto en inflación, crecimiento y riesgo de recesión.

EL FMI advierte por las consecuencias económicas. El último World Economic Outlook del FMI muestra que la economía global pasó de un escenario relativamente resiliente a uno más frágil por el shock energético y geopolítico en Medio Oriente, recortando las perspectivas de crecimiento y elevando los riesgos a la baja debido a la suba del precio del petróleo y la incertidumbre. Concretamente, el crecimiento mundial para 2026 se proyecta en 3,1% i.a. –vs. 3,4% i.a. de 2025– y la inflación en 4,4% i.a. –vs. 4,1% i.a. del año pasado–. El informe plantea tres escenarios: i. escenario base con conflicto transitorio; ii. uno adverso con petróleo cerca de USD 100, lo que reduciría el crecimiento al 2,5% i.a. y la inflación se aceleraría al 5,4% i.a.; y iii. uno severo con precios por encima de USD 110–125, que llevaría el crecimiento del PBI global a solo 2,0% i.a. —con mayor riesgo de recesión global— y la inflación podría rozar el 6,0% i.a. Advierte que el mundo ya se está desplazando hacia escenarios más negativos, con impactos heterogéneos entre países: las economías avanzadas desaceleran (EE. UU. 2,3% i.a., eurozona 1,1% i.a.), China modera su crecimiento (4,4% i.a.), India se mantiene fuerte y los países emergentes importadores de energía son los más afectados, en tanto que algunos exportadores de commodities amortiguan el shock.

Mercados 

Apoyados en las expectativas de acuerdo en Medio Oriente y en un arranque positivo de la temporada de balances del 1Q26, los mercados financieros globales tuvieron una muy buena semana, con alzas generalizadas en bonos, acciones y commodities no energéticos, y retroceso del dólar.

Tasas a la baja. Con la tregua y la caída en el precio del crudo, las expectativas de inflación cedieron y los rendimientos de los bonos del Tesoro registraron bajas en todos los tramos. La UST2Y fue la más beneficiada, cediendo 9 pb en la semana hasta 3,71%, y acumula una baja de 12 pb en el mes. La UST10Y cerró en 4,25%, retrocediendo 7 pb semanal y 10 pb en el mes. La UST30Y bajó 3 pb hasta 4,88%, tanto en la semana como en el mes. La inflación implícita en los bonos también cedió: la de cinco años perdió 5 pb hasta 2,60% —acumula una caída de 2 pb en el mes— y la de 10 años retrocedió 4 pb hasta 2,35% —sube 5 pb en el mes—. En cuanto a la política de la Fed, el mercado no espera recortes de tasas para lo que resta de 2026, aunque adelantó su expectativa de primer recorte para junio de 2027, desde septiembre de 2027. En Europa y Japón, el movimiento semanal fue en la misma dirección: el bono alemán a 10 años disminuyó 8 pb en la semana hasta 2,97% y el japonés 1 pb hasta 2,43%, aunque ambos acumulan alzas relevantes en el mes —22 pb y 7 pb, respectivamente— por expectativas de inflación en sus economías.

Bonos en alza. La caída de rendimientos impulsó a todos los segmentos de renta fija. La deuda de mercados emergentes fue la gran ganadora, avanzando 1,2% en la semana y 2,9% en el mes. Los High Yield subieron 0,9% semanal y 1,4% en abril y los Investment Grade ganaron 0,8% y 1,0% en el mes. El índice de bonos del Tesoro avanzó 0,5% tanto en la semana como en el mes. Los TIPS subieron 0,4% en la semana y acumulan 1,0%.

Arranque positivo en la temporada de balances. Con apenas 46 compañías del S&P 500 reportadas (9,2% del índice), las primeras señales son alentadoras. Los ingresos crecen 13,21% i.a. y los beneficios avanzan un llamativo 32,12% i.a., con una sorpresa promedio en ganancias del 11,22% y del 2,27% en ventas. La gran mayoría de las empresas superó estimaciones tanto en la línea de ingresos como en la de beneficios, con la excepción del sector consumo, donde se registraron caídas. Se destaca el sector financiero, dado que prácticamente la totalidad de las empresas reportó crecimiento y sorpresa positiva en ambas líneas. De cara al trimestre completo, el consenso espera un crecimiento de beneficios del 12,7% i.a. para el S&P 500 —lo que sería el undécimo trimestre consecutivo de expansión interanual—, liderado por Tecnología (+45%), Materiales y Financiero, mientras que Salud y Comunicaciones se perfilan como los sectores más rezagados. En materia de valuación, el índice opera a un P/E forward de 20,4x, por encima de los promedios de cinco y diez años.

Acciones en máximos. El S&P 500 y el Nasdaq alcanzaron nuevos máximos históricos a mitad de semana. En el balance semanal, el Nasdaq lideró con un alza de 6,8%, seguido por el S&P 500 con 4,5%, mientras que el Dow Jones quedó más rezagado con un avance de 3,1%, acumulando en el mes subas de 13,4%, 9,2% y 6,7%, respectivamente. El índice global de acciones sin EE. UU. ganó 3,0% en la semana y 8,8% en el mes, con los emergentes liderando con una ganancia de 5,1% en la semana y 12,1% en lo que va de abril —pobre desempeño semanal de Latam y Brasil, que retrocedieron 0,1% y 0,4%, aunque en lo que va del mes suben 6,5% y 7,2%—. Por su parte, Europa avanzó 2,4% semanal y 8,2% en el mes, y Japón 2,3% y 6,8%.

Dólar débil y metales preciosos en alza. La menor tensión geopolítica y la compresión de tasas quitaron atractivo al dólar como activo de refugio. El DXY retrocedió 0,5% en la semana y cerró en 98,18, extendiendo la caída mensual a 1,9%. Contra monedas desarrolladas, perdió 0,4% frente al euro y la libra, totalizando en el mes bajas de 2,6% y 2,2%, respectivamente. Ante el yen cedió 0,4% en la semana y 0,7% en abril. Entre emergentes, el yuan ganó 0,2% semanal y 1,4% en el mes. El real es el protagonista durante abril: el dólar cerró en USDBRL 4,98, mostrando una caída semanal de 0,5% y acumulando una baja de 5,2%. El oro subió 2,1% en los últimos días hasta USD 4.846 la onza y acumula 7,4% en el mes. La plata fue la gran sorpresa, con un salto de 7,0% semanal hasta USD 81,2 la onza y 15,9% en el mes, ambos metales favorecidos por la debilidad del dólar y menores rendimientos en la curva soberana.

Desplome en el precio del petróleo. El WTI cayó 13,2% en la semana y acumula una baja de 17,2% en el mes, cerrando en USD 83,9 el barril. El canciller iraní anunció que el Estrecho de Ormuz está completamente abierto al tráfico comercial durante la tregua, lo que desencadenó una baja de más del 10% en el precio del crudo durante la rueda del viernes. A esto se sumaron reportes de que EE. UU. podría liberar USD 20.000 M en fondos iraníes congelados a cambio de uranio enriquecido, reforzando el optimismo por una resolución más amplia del conflicto. El mejor contexto global le dio impulso al cobre, que avanzó 4,0% en la semana hasta USD 6,1 la libra y acumula 9,2% en el mes, alcanzando máximos de más de dos meses. La soja cedió 0,7% en la semana hasta USD 428,9 la tonelada, acumulando un avance de 0,6% en el mes. La baja semanal estuvo presionada por la caída del petróleo (que redujo la demanda de biodiésel).

Lo que viene

La mirada de los inversores seguirá la evolución de la guerra con Irán y su impacto en los precios mundiales de la energía. Durante el fin de semana, EE. UU. incautó un buque de carga iraní que había cruzado el estrecho de Ormuz, mientras que Teherán también reafirmó su control sobre el estrecho tras la negativa de Trump a levantar el bloqueo a los puertos iraníes y declaró que no participaría en una segunda ronda de conversaciones. Es por ello que la semana arranca con el petróleo subiendo más de 8% y volviendo a superar los USD 90 el barril de WTI. En tanto se esperan nuevos anuncios, continúa la temporada de balances con la presentación de informes de Tesla, Intel, GE Aerospace, UnitedHealth, American Express, P&G y Lam Research. En cuanto a los datos económicos, EE. UU. publicará las ventas minoristas de marzo, que se espera que aumenten un 1,3%, el mayor incremento en un año, y que prolonguen el período de fortaleza del consumo. Asimismo, se publicarán los índices PMI preliminares del S&P de abril, que reflejarán los impactos contrastantes de la guerra con Irán en los sectores manufacturero y de servicios de la economía. En materia de política monetaria, Kevin Warsh comparecerá ante el Congreso, donde probablemente explicará su postura sobre el tamaño adecuado del balance de la Fed.