Semana negativa para los mercados globales, con caída generalizada de bonos y acciones, que tuvieron una de las peores semanas del año. La combinación de la tensión en Medio Oriente, que mantiene el precio del petróleo presionado –a pesar de la tregua y de las declaraciones de Trump, no da señales concretas de acuerdo entre las partes involucradas, incluso con una nueva escalada de ataques en toda la región–, y los buenos datos de empleo y actividad de EE. UU. –se crearon más puestos de trabajo de lo esperado– volvió a poner presión sobre las tasas de interés y ahora las expectativas de los inversores migraron de un escenario de recortes a otro de suba de tasa de la Fed. Al mismo tiempo, las acciones tecnológicas, que venían siendo los motores del mercado accionario, sufrieron un duro traspié en la semana, arrastradas por las empresas de semiconductores y fabricantes de chips. En este contexto, el dólar a nivel global volvió a apreciarse, el oro y los metales preciosos retrocedieron a los niveles de principios de año y los commodities no energéticos tuvieron importantes caídas. Las miradas de esta semana seguirán puestas en Medio Oriente, que arranca con una nueva escalada de bombardeos, en los datos de inflación de EE. UU. y en la primera reunión de la Fed bajo la tutela de Kevin Warsh.
Negociaciones estancadas mantienen el petróleo en torno a los USD 90 el barril de WTI. En la última semana, el conflicto en Medio Oriente se intensificó con una mayor participación regional: además de la continuidad de los combates en Gaza y las tensiones entre Israel, Irán y Hezbolá, el conflicto se extendió con más claridad al Golfo Pérsico, con ataques iraníes contra objetivos vinculados a EE. UU. en Kuwait y Baréin. Al mismo tiempo, las negociaciones entre Washington y Teherán siguieron trabadas, sin un acuerdo sobre el programa nuclear iraní, mientras creció la preocupación internacional por una escalada mayor y por posibles impactos en la energía global, especialmente ante los riesgos alrededor del Estrecho de Ormuz, cuyo tránsito continúa muy deprimido. Con este marco de fondo, el precio del petróleo tuvo un leve repunte, recuperando parte de la fuerte caída que había mostrado en la última semana de mayo, con el WTI cerrando en USD 90,5 el barril, 3,5% más alto respecto del cierre de mayo.
Mejoró el empleo, pero la dinámica no es tan sólida. En mayo, la economía estadounidense sumó 172 mil nuevos puestos de trabajo no agrícolas, superando con creces las perspectivas del mercado, que esperaba 85 mil. También se revisaron al alza los datos de marzo y abril en 29 mil y 64 mil, respectivamente, por lo que el dato de mayo, si bien fue positivo, también marca una moderación en la tasa de crecimiento, especialmente en el sector privado, que pasó de crear 202 mil y 177 mil puestos en marzo y abril, respectivamente, a aportar solo 120 mil en mayo –fue compensado por la mayor creación de empleo público–. Así las cosas, en el último año el empleo no agrícola creció apenas 0,3% y el privado, 0,5%. Dados los movimientos de la población económicamente activa y del empleo agrícola, a pesar de la creación de empleo, la tasa de desocupación se mantuvo en 4,3%, nivel que sostuvo en los últimos doce meses –solo subió en el último trimestre del año pasado producto del shutdown–. Por otra parte, los salarios subieron 0,3% m/m, en línea con la performance de los meses anteriores, acumulando en el último año un alza de 3,6% i.a., lo que había sido 0,6 pp inferior a la inflación. Así las cosas, la masa salarial sigue estancada, lo que limita que el consumo recobre dinamismo.
Tasas en alza y expectativas de política monetaria más restrictiva. Entre la presión que genera la suba del precio del petróleo y la buena performance que mostró el mercado laboral en mayo, las expectativas del mercado apuntan a una política monetaria más restrictiva, prácticamente eliminando las probabilidades de que llegue un recorte de tasas. Por el contrario, las expectativas apuntan a una suba de 25 pb en diciembre y otra en septiembre de 2027. En este contexto, sin perder el foco en las debilidades de la situación de las cuentas públicas, los rendimientos de los bonos del Tesoro volvieron a operar al alza, especialmente en el tramo corto de la curva. Concretamente, la UST2Y cerró en 4,16%, 15 pb por encima de la de fines de mayo, mientras que la UST10Y subió 9 pb hasta 4,54% y la UST30Y quedó prácticamente sin cambios, terminando la semana en 5,01%. Con esto, todos los índices de renta fija tuvieron una semana de importantes caídas: el índice agregado retrocedió 0,8%, impulsado por la caída de 1,1% de los bonos High Yield, seguido por los Investment Grade, que perdieron 1,0%, y los bonos del Tesoro, que bajaron 0,7%. También se destacó la caída de 1,7% en los bonos ajustables por inflación y de 1,0% en los bonos emergentes.
Semana negativa, principalmente para las tecnológicas. Luego del rally que tuvieron en mayo, en el que, de la mano de una excelente temporada de balances del 1Q26, los principales índices de renta variable estadounidenses anotaron nuevos máximos históricos, junio arrancó con bajas generalizadas, especialmente en las acciones tecnológicas. Concretamente, el Nasdaq fue el gran perdedor de la semana, al retroceder 4,7%, seguido por el S&P 500, que bajó 2,6%, mientras que el Dow Jones fue el menos golpeado, al caer solo 0,3%. Esto último se debe a que los sectores Value –energía, salud, bancos y real estate– lograron cerrar al alza, mientras que los sectores Growth presentaron caídas en torno al 4,0%. La mala performance fue generalizada en el resto del mundo, donde todas las bolsas tuvieron un piso de pérdida de 2,0%, aunque volvió a destacarse la mala dinámica de Latam, que perdió 5,2%, empujada por Brasil, que cayó 5,4% –en el último mes ya perdió 14,0%–.
Dólar fortalecido y commodities a la baja. La perspectiva de una política monetaria más restrictiva y de reflation en EE. UU., en un contexto en el que la actividad del resto del mundo comienza a mostrar el impacto del shock energético, fortaleció al dólar contra todas las monedas: el DXY subió 1,2% y cerró en el nivel más alto de los últimos dos meses, empujado por la apreciación frente al euro. También avanzó frente a las monedas emergentes, entre ellas el real brasileño, que cerró en USDBRL 5,19, 2,3% más arriba que al cierre de mayo, acumulando un alza de 4,9% en el último mes. El oro también lo sufrió, con un retroceso de 4,7% hasta USD 4.321 la onza. También fue una mala semana para los commodities sin petróleo: el cobre perdió 1,5% y la soja, 5,4% –la tonelada terminó la semana en USD 412–.
Lo que viene. Las negociaciones entre Irán y EE. UU. seguirán marcando el ritmo de los mercados. El shock energético global presiona sobre la inflación y, en este contexto, los bancos centrales se preparan para ajustar las tasas de interés. En cuanto a la agenda económica de EE. UU., se publicará el IPC de mayo –se estima un alza de 0,6% m/m y de 4,2% i.a., la más alta desde abril de 2023, mientras que para el IPC Core se espera una suba de 0,4% m/m y 2,9% i.a.–, justo antes de la reunión de la Fed, en la que deberá decidir qué hacer con la tasa de interés. También se publicarán datos de las ventas de viviendas existentes, de la balanza comercial de abril, del resultado fiscal de mayo y del preliminar del índice de confianza del consumidor de la Universidad de Michigan correspondiente a junio. En el ámbito empresarial, SpaceX llevará a cabo la que probablemente sea la mayor salida a bolsa de la historia. Además, la OPEP+ votará sobre la cuota de producción del cártel en su primera reunión sin los Emiratos Árabes Unidos.


