En pocas palabras
Semana excelente para los mercados, y la razón es algo paradójica: Estados Unidos destruyó empleo por primera vez en años y eso, lejos de asustar a los inversores, los entusiasmó. La lógica es simple: si la economía se enfría, la Reserva Federal (Fed) pierde argumentos para subir las tasas de interés. Con ese combustible, el S&P 500 cerró en un récord histórico y las bolsas firmaron su mejor semana desde abril. A eso se sumaron muy buenos balances de las empresas ligadas a la inteligencia artificial y un fuerte derrumbe del precio del petróleo, ante el avance de un acuerdo por el Estrecho de Ormuz. El oro voló y el dólar se debilitó. Esta semana llega la prueba de fuego: el dato de inflación de julio.
Estados Unidos destruyó empleo por primera vez
Qué pasó: el viernes se publicó el informe laboral de julio y fue una sorpresa mayúscula. En lugar de crear los 80.000 a 83.000 puestos que esperaba el mercado, la economía estadounidense perdió 23.000 empleos. La caída se explica sobre todo por 53.000 puestos públicos menos, más debilidad en comercio, hotelería y gastronomía, y un crecimiento más lento de lo habitual en salud. La tasa de desocupación bajó a 4,1%, aunque por una razón poco saludable: mucha gente directamente dejó de buscar trabajo. Los salarios tampoco acompañaron y su suba anual se moderó a 3,2%, la más baja desde mayo de 2021.
Por qué importa: es la señal más clara hasta ahora de que la economía estadounidense se está enfriando de verdad. Para el trabajador es una mala noticia; para el inversor, en cambio, significa que la Fed tiene menos motivos para endurecer su política.
Las bolsas festejaron el mal dato de empleo
Qué pasó: el mercado leyó el informe de empleo en clave positiva y salió a comprar. El S&P 500 cerró el viernes en 7.757,64 puntos, un récord histórico, y acumuló una suba de 3,6% en la semana. El Nasdaq voló 5,2% y el Dow Jones ganó 3,0%. Fue la mejor semana para los tres índices desde abril. Nvidia se destacó con un salto de 11,6% el viernes.
Por qué importa: cuando el mercado espera tasas más bajas, las acciones valen más, sobre todo las tecnológicas y de crecimiento, que son las más sensibles al costo del dinero. De ahí que el Nasdaq haya liderado la suba.
La Fed pierde argumentos para subir
Qué pasó: tras el dato de empleo, los inversores recalcularon. Las probabilidades de que la Fed suba la tasa en su reunión de septiembre cayeron a 42%, desde el 55% que se descontaba apenas un día antes. Los rendimientos de los bonos del Tesoro acompañaron a la baja: el bono a 10 años cerró en torno a 4,65% y el de 2 años en 4,19%, ambos por debajo de los niveles de la semana previa.
Por qué importa: hace dos semanas el mercado discutía cuántas subas venían; hoy discute si va a haber alguna. Ese giro de expectativas es lo que explica buena parte del rally de la semana, y también le da algo de aire a la renta fija.
Los balances de la inteligencia artificial aportan sustento
Qué pasó: la temporada de resultados aportó lo suyo. Palantir fue la estrella absoluta: reportó ingresos por USD 1.940 millones, un salto de 93% interanual, superó las estimaciones, elevó su proyección para todo el año y su acción trepó 37% en la semana. AMD también superó expectativas, con su división de centros de datos creciendo 107% respecto del año pasado. Y SpaceX presentó su primer balance como empresa que cotiza en bolsa, tras su salida a bolsa de junio, con números muy sólidos.
Por qué importa: después de las dudas de julio sobre si las empresas estaban gastando de más en inteligencia artificial, estos resultados refuerzan la idea de que la inversión se está traduciendo en ingresos reales. Es el sostén fundamental del rally tecnológico.
El petróleo se derrumbó y el oro voló
Qué pasó: el crudo tuvo otra semana de fuertes caídas. El Brent retrocedió más de 7% y cerró en torno a los USD 83 el barril, mientras que el WTI operó cerca de los USD 77 a 78. El motivo fue el avance de las negociaciones para reabrir el Estrecho de Ormuz. En sentido contrario, el oro tuvo su mejor semana desde fines de enero y saltó hasta unos USD 4.343 la onza, tocando su nivel más alto en dos meses. El dólar, por su parte, se debilitó frente al yen y al euro.
Por qué importa: el petróleo más barato es una gran noticia para la inflación global. Que el oro suba al mismo tiempo puede parecer contradictorio, pero responde a la misma causa: si la Fed no sube las tasas, tener oro cuesta menos en términos relativos y el metal gana atractivo.
Medio Oriente: hay acuerdo por Ormuz, pero con letra chica
Qué pasó: la noticia que se siguió durante todo el fin de semana. El viernes, Irán anunció que alcanzó un acuerdo con Omán para gestionar de manera conjunta el tránsito por el Estrecho de Ormuz, con una ruta definida y un centro de coordinación marítima. Sin embargo, la letra chica generó ruido: según Teherán, el acuerdo prohíbe el paso de buques estadounidenses e israelíes y prevé multas de hasta 20% del valor de la carga para quienes lo incumplan. Ya el sábado, el canciller iraní Abbas Araghchi aclaró que están “muy cerca” de cerrarlo, pero que la reapertura efectiva queda sujeta a que Estados Unidos haga concesiones por lo que Irán considera un incumplimiento del entendimiento firmado en junio.
Por qué importa: por el Estrecho de Ormuz pasa una porción enorme del petróleo mundial, y su cierre fue el gran motor de la suba de precios de los últimos meses. El mercado ya está descontando la reapertura, pero el acuerdo todavía no está cerrado y sus condiciones son conflictivas. Cualquier traspié puede devolver la volatilidad al precio del crudo.
Lo que viene
La semana viene cargada de datos de inflación, que son la prueba de fuego para el optimismo actual. El miércoles se publica el índice de precios al consumidor (IPC) de julio, con una expectativa de 3,4% interanual; el jueves llegan los precios mayoristas y el viernes las ventas minoristas. Si la inflación resulta más alta de lo esperado, el debate sobre una suba de tasas puede reabrirse y poner en duda el rally. En el frente empresarial, reportan Cisco el miércoles y Applied Materials el jueves, ambos seguidos de cerca como termómetro de la demanda de infraestructura para inteligencia artificial. Y, por supuesto, seguirán las novedades sobre Ormuz.






