En pocas palabras

El viernes, el informe de empleo de septiembre mostró apenas 29.000 puestos nuevos y un desempleo en 4,2%. Con eso, la probabilidad de que la Reserva Federal (Fed) vuelva a subir las tasas en octubre se desplomó de cerca de 70% a alrededor de 14%. Sin embargo, el bono del Tesoro a 10 años cerró en 5,28%, después de tocar en la semana su nivel más alto desde 2002. La tasa larga sigue subiendo aunque el mercado espere una Fed menos activa.

En la bolsa, la inteligencia artificial sostuvo al Nasdaq (+0,5%) mientras el S&P 500 cedió 0,3% y el Dow Jones 1,3%, con los bancos en plena corrección. El dólar tocó su nivel más alto desde abril de 2025 y el oro cayó 3,4%. El Brent se mantuvo arriba de USD 100 pese a que el G7 anunció la liberación de 100 millones de barriles de reservas, y el fin de semana sumó nuevos ataques contra instalaciones petroleras saudíes. El domingo, Flávio Bolsonaro superó a Lula en la primera vuelta en Brasil y habrá balotaje el 25 de octubre. Esta semana, la cita clave son las minutas de la Fed del miércoles.

El empleo le sacó presión a la Fed de octubre

¿Qué pasó? El viernes se publicó el informe de empleo de septiembre. La economía estadounidense creó 29.000 puestos, contra 84.000 esperados, y la desocupación subió a 4,2% desde 4,1%. Además, julio y agosto se corrigieron a la baja en 60.000 puestos. Los salarios subieron 0,1% en el mes y 3,0% anual, el menor ritmo desde mayo de 2021. Tras el dato, la probabilidad implícita de una suba en la reunión del 27 y 28 de octubre cayó a alrededor de 14%, desde cerca de 70% a principios de semana. La tasa de referencia está en 3,75%-4,00% desde el 16 de septiembre, cuando la Fed subió por primera vez desde 2023.

¿Por qué importa? El mercado laboral era el principal argumento de quienes quieren seguir subiendo: si el empleo aguanta, la Fed puede endurecer sin miedo a provocar una recesión. Ese argumento se debilitó. Un dato flojo, con salarios moderados, le permite a la Fed esperar, porque reduce el riesgo de que los aumentos de sueldo alimenten la inflación.

Nuestra visión: vemos el dato de empleo como una pausa táctica, no como un giro. Con la inflación núcleo trabada en 3%, creemos que el mercado se apuró a descartar nuevas subas. Nuestro escenario base es una Fed sin cambios el 27 y 28 de octubre, a días de las elecciones legislativas, con la puerta abierta para diciembre. Lo que define el camino es el próximo dato de inflación.

Inflación clavada en 3% y un consumidor que gasta sus ahorros

¿Qué pasó? El miércoles se publicó el índice de precios PCE de agosto, el indicador de inflación que usa la Fed para medir su meta de 2%. La inflación general quedó en 3,4% anual y la núcleo, que excluye alimentos y energía, en 3,0% por tercer mes consecutivo. El gasto de los hogares creció 0,9% en agosto, pero los ingresos subieron apenas 0,2%. Así, la tasa de ahorro cayó a 4,1%, la más baja desde noviembre de 2022. El jueves, el índice ISM de la industria se mantuvo firme en 54,5 puntos, pero su componente de precios pagados saltó a 77,9 desde 71,1.

¿Por qué importa? El dato admite dos lecturas. La buena: la inflación núcleo no se aceleró. La incómoda: la inflación lleva meses estancada un punto arriba de la meta, y la presión de costos en la industria sigue subiendo por la energía. Que el consumo crezca más rápido que los ingresos significa que los hogares están usando ahorro o crédito para sostener su gasto, y ese recurso tiene un límite.

Nuestra visión: creemos que el consumo de agosto es menos sólido de lo que parece: se pagó con ahorro y no con ingresos, y eso no se puede repetir mes tras mes. Vemos riesgo de una desaceleración del gasto en el cuarto trimestre con la inflación núcleo trabada en 3%. Es la combinación que más le complica el trabajo a la Fed, porque la obliga a elegir entre cuidar los precios o la actividad.

La tasa larga ya no le hace caso a la Fed

¿Qué pasó? El rendimiento del bono del Tesoro a 10 años terminó la semana en 5,28%, desde 5,17% el viernes anterior, después de tocar su nivel más alto desde 2002. El bono a 30 años cerró en 5,63%, desde 5,49%. El de 2 años, en cambio, quedó casi sin cambios en 4,83%. El fenómeno no es solo estadounidense: Alemania, Japón y el Reino Unido también tienen tasas largas en máximos de décadas.

¿Por qué importa? Cuando sube el rendimiento de un bono, cae su precio, así que quien tiene bonos largos pierde valor. Lo llamativo es que la tasa corta, que sigue de cerca a la Fed, no se modificó mientras la larga subió. Eso indica que los inversores piden una compensación cada vez mayor por prestarle a Estados Unidos a largo plazo, por el déficit fiscal, por la enorme emisión de deuda (incluida la de las empresas que financian centros de datos de inteligencia artificial) y por el petróleo caro.

Nuestra visión: la tasa larga subió justo en la semana en que el mercado sacó del precio nuevas subas de la Fed. Para nosotros, eso confirma que el problema es fiscal y energético, no monetario, y que una Fed más paciente no alcanza para bajarla. Preferimos duración corta en dólares: el tramo corto rinde cerca de 4,8% sin el riesgo de precio que hoy tiene el largo.

La inteligencia artificial sostiene a la bolsa y los bancos pagan las tasas

¿Qué pasó? El S&P 500 cerró el viernes en 7.722,77 puntos, con una baja semanal de 0,3%. El Nasdaq ganó 0,5% y el Dow Jones perdió 1,3%. La versión del S&P 500 en la que todas las empresas pesan lo mismo cayó 0,7%, una señal de que la mayoría de las acciones bajó. Tecnología subió 1,8%, empujada por Nvidia (+3,9%), que marcó un récord después de sumar USD 150.000 millones a su programa de recompra de acciones. El financiero fue el peor sector, con una caída de 2,5%: el índice de bancos KBW acumula una baja de cerca de 14% desde su pico de mediados de agosto.

¿Por qué importa? El índice esconde un mercado dividido. Las grandes tecnológicas tienen caja propia y crecen al ritmo de la demanda de inteligencia artificial, así que las tasas altas las afectan poco. El resto sufre más, y los bancos en particular: las tasas largas en alza desvalorizan sus carteras de bonos y enfrían el crédito y las fusiones, y a eso se suma el temor a que la inteligencia artificial cambie su negocio.

Nuestra visión: vemos una bolsa sostenida por la inteligencia artificial mientras el resto paga las tasas, y creemos que esa concentración es hoy el principal riesgo del índice. Los balances de los bancos, que abren la temporada de resultados a mediados de octubre, van a mostrar si la caída del sector fue exagerada. Hasta entonces, nos mantenemos neutrales en financieras.

Petróleo: el G7 abre sus reservas, pero Ormuz sigue cerrado

¿Qué pasó? El viernes, los países del G7 acordaron liberar hasta 100 millones de barriles de crudo y diésel de sus reservas de emergencia en los próximos cuatro meses, con una entrega fuerte de diésel en los primeros 20 días. El WTI cerró en USD 91,11 el barril, con una baja semanal cercana a 1,5%. El Brent terminó en USD 102,25 y, comparando el mismo contrato, quedó prácticamente sin cambios en la semana. En Estados Unidos, el diésel llegó a USD 6,39 el galón. El fin de semana volvió la tensión: los hutíes se adjudicaron ataques con misiles y drones contra instalaciones de Aramco en Khurais y Riad, y Trump rechazó las condiciones de Irán para reabrir el estrecho de Ormuz.

¿Por qué importa? El petróleo es el principal motor de la inflación global de este año y una de las razones por las que los bancos centrales siguen endureciendo. La liberación de reservas alivia el faltante de corto plazo, sobre todo en diésel, el combustible del transporte y de la industria. Pero no reemplaza lo que deja de pasar por Ormuz. Mientras el estrecho siga cerrado, cualquier ataque sobre la infraestructura del Golfo puede volver a disparar los precios.

Nuestra visión: creemos que la liberación de reservas alivia, pero no resuelve: cubre una fracción del faltante del Golfo. Vemos el riesgo sesgado al alza mientras Ormuz siga cerrado, y los ataques del fin de semana muestran que ese riesgo no es teórico. Para la inflación, el precio que hoy importa es el del diésel, no el del crudo.

Dólar en máximos del año y oro en retroceso

¿Qué pasó? El índice dólar (DXY), que mide al dólar contra las principales monedas, cerró el jueves cerca de 102,1, su nivel más alto desde abril de 2025, y terminó la semana en torno a 101,9 tras ceder un poco el viernes con el dato de empleo. Fue su tercera semana consecutiva de suba. El oro cerró en USD 4.137 la onza, con una caída semanal de 3,4%, y terminó septiembre con una baja de 6,4%.

¿Por qué importa? Con las tasas estadounidenses en máximos de casi dos décadas, los inversores tienen más incentivos para estar en dólares. Eso castiga al oro, que no paga intereses: cuanto más rinde un bono, más caro resulta mantener un activo sin renta. Un dólar fuerte también encarece el financiamiento de los países emergentes, que en buena medida se endeudan en esa moneda, y presiona sus tipos de cambio.

Nuestra visión: vemos al dólar fuerte como la consecuencia lógica del diferencial de tasas, y no esperamos que se dé vuelta mientras la Fed no cierre la puerta a otra suba. Para los emergentes y para el oro es viento en contra de corto plazo. Mantenemos el oro como cobertura de cartera, no como apuesta táctica.

Brasil: Flávio Bolsonaro le ganó a Lula en primera vuelta y habrá balotaje

¿Qué pasó? El domingo 4 se votó en Brasil. Con el 99,99% de las urnas escrutadas, el senador Flávio Bolsonaro (PL) obtuvo 47,03% de los votos válidos y el presidente Luiz Inácio Lula da Silva (PT), 45,16%. Ninguno superó el 50%, así que se enfrentarán en un balotaje el domingo 25 de octubre. El resultado sorprendió: todas las encuestas finales daban a Lula adelante en la primera vuelta (Datafolha, 45% contra 40%). La reacción del mercado fue inmediata: el fondo de acciones brasileñas que cotiza en Nueva York (EWZ) subió 7% en las operaciones posteriores al cierre.

¿Por qué importa? Brasil es la mayor economía de América Latina y uno de los principales socios comerciales de la Argentina. El mercado prefiere a Flávio porque promete más disciplina fiscal, algo que muchos economistas consideran urgente para el país. Antes de la elección, JPMorgan estimaba que el índice MSCI Brasil subía en promedio 0,25% por cada día en que Flávio mejoraba en las encuestas.

Nuestra visión: vemos un rally inicial justificado por la sorpresa, pero creemos que el mercado puede apurarse. El balotaje está abierto: la diferencia es de menos de dos puntos y cerca de 8% de los votos correspondió a otros candidatos. Además, el ajuste fiscal que se descuenta depende del Congreso, no solo del presidente. Tomamos el resultado como un dato, sin postura sobre los candidatos. Para el inversor argentino, Brasil pesa por el real, por la demanda de exportaciones y por el clima hacia los emergentes.

Lo que viene

Semana liviana de datos, con las minutas de la Fed como evento central y el arranque de la temporada de balances del tercer trimestre.

Lunes 5. A las 11, hora de Buenos Aires, se publica el ISM de servicios de septiembre, con un consenso de 55,1 puntos contra 55,4 del mes previo. Un dato fuerte, sobre todo en precios, reabriría la discusión de una suba en octubre.

Miércoles 7. A las 15, hora de Buenos Aires, salen las minutas de la reunión de la Fed del 15 y 16 de septiembre, la de la primera suba desde 2023. Van a mostrar cuántos miembros quieren seguir subiendo, aunque no incluyen el dato de empleo del viernes. Un tono duro le quitaría parte del alivio de la semana; uno más paciente lo consolidaría.

Jueves 8 y viernes 9. El Tesoro licita bonos a 10 y 30 años, una nueva prueba de la demanda por el tramo largo: licitaciones con poca demanda empujarían las tasas otra vez hacia arriba. Además, el jueves reporta PepsiCo y el viernes Delta Air Lines, una primera lectura de cómo el combustible caro afecta a las aerolíneas, y se conocerá la confianza del consumidor de la Universidad de Michigan.

De fondo. Quedan el balotaje de Brasil el 25 de octubre, las elecciones legislativas de Estados Unidos el 3 de noviembre y, como riesgo permanente, cualquier novedad sobre el estrecho de Ormuz.