Un bono dual incorpora una opcionalidad que se resuelve automáticamente en cada fecha de pago: el inversor recibe el mayor rendimiento entre dos alternativas de ajuste de capital calculadas en paralelo durante la vida del instrumento —la evolución acumulada del CER (inflación) o la evolución acumulada de la tasa TAMAR (tasa de referencia del sistema bancario en pesos)—. Esta estructura es, en esencia, una opción financiera implícita: el tenedor del bono siempre obtiene el resultado del escenario que efectivamente ocurrió, sin haber tenido que anticiparlo correctamente al momento de invertir.
Desde la perspectiva del Tesoro como emisor, esta estructura resuelve un problema de colocación real: en contextos de alta incertidumbre sobre el sendero futuro de inflación y tasas, exigir que el inversor elija entre un bono puramente CER o uno puramente a tasa fija implica pedirle que asuma un riesgo de apostar a la variable correcta, lo que suele traducirse en que el mercado exija una prima de rendimiento adicional para compensar ese riesgo de elección. Al eliminar esa disyuntiva mediante la opcionalidad dual, el Tesoro puede colocar deuda a plazos más largos pagando, en promedio, una tasa base más baja que la que exigiría cualquiera de las dos alternativas puras por separado.
El costo de esta ventaja para el inversor es que el rendimiento base del bono dual suele ser algo menor al mejor escenario posible de cualquiera de sus dos componentes por separado —es decir, el dual no maximiza el resultado en el escenario ganador, sino que garantiza no quedar atado al escenario perdedor—, lo que técnicamente equivale a pagar una prima implícita por la opcionalidad, de forma análoga a como se paga una prima por cualquier opción financiera.
Un elemento relevante para leer la curva de duales es que, dado que TAMAR y CER responden a dinámicas distintas (tasa nominal de referencia versus inflación), el spread entre lo que efectivamente termina pagando cada componente en un período dado revela, ex post, si el mercado estuvo mejor cubierto apostando implícitamente a la inflación o a la tasa —información valiosa para calibrar expectativas sobre próximas emisiones—.
Los bonos duales se volvieron un instrumento habitual en las licitaciones de deuda en pesos de plazos medios y largos (2028 en adelante), particularmente en ventanas donde la curva de expectativas de inflación y de tasas mostraba mayor dispersión entre analistas del REM, un contexto donde la opcionalidad dual resulta más valiosa tanto para el emisor como para el inversor.





