El tipo de cambio nominal es el precio del dólar expresado en pesos en un momento dado, sin ningún tipo de ajuste. El tipo de cambio real (TCR), en cambio, corrige ese valor nominal por la diferencia de inflación acumulada entre Argentina y sus socios comerciales, con el objetivo de responder una pregunta económica distinta: ¿cuántos bienes y servicios argentinos puede comprar hoy un dólar, en comparación con lo que podía comprar en un período base de referencia?

La fórmula conceptual del TCR bilateral es: tipo de cambio nominal, multiplicado por el nivel de precios del país socio, dividido por el nivel de precios doméstico. Cuando la inflación local corre más rápido que la devaluación nominal, el numerador de esa relación (el poder de compra externo del peso) sube más rápido que el denominador, lo que hace que el TCR se aprecie: el dólar se vuelve, en términos reales, relativamente más barato, encareciendo las exportaciones argentinas en dólares y abaratando las importaciones. El proceso inverso —devaluación nominal por encima de la inflación— deprecia el TCR, mejorando la competitividad externa.

El TCR multilateral (ITCRM), que publica el BCRA, no compara al peso contra una sola moneda sino contra una canasta ponderada de las monedas de los principales socios comerciales de Argentina (ponderada por el peso relativo de cada país en el comercio exterior argentino), lo que da una medida más representativa de competitividad agregada que cualquier comparación bilateral aislada, como la relación peso-dólar o peso-real.

Un matiz técnico relevante es que el TCR no tiene un nivel de equilibrio único y objetivo: se suele comparar contra promedios históricos de distintas ventanas temporales (los últimos 10, 20 años), pero esos promedios incluyen períodos con estructuras productivas, niveles de productividad y términos de intercambio muy distintos entre sí, por lo que la comparación histórica debe tomarse como una referencia orientativa, no como un objetivo numérico preciso al que el tipo de cambio deba converger mecánicamente.

Cuando un informe de mercado señala que el tipo de cambio real acumula una caída del 10% en el año, está describiendo específicamente que la devaluación nominal del período no le ganó a la inflación acumulada en el mismo lapso, lo que en términos de competitividad implica que el país perdió capacidad relativa de vender al exterior y ganó, en la misma proporción, poder de compra de bienes importados —una dinámica que suele preceder, cuando se sostiene por períodos prolongados, presiones sobre la cuenta corriente del balance de pagos—.