El pulso de la semana lo marcó el frente financiero y externo, que volvió a mostrarse sólido, mientras la economía real siguió sin encontrar impulso. Moody's mejoró la calificación soberana y alineó a las tres grandes agencias, un reconocimiento a la estabilización macro que además amplía el universo de fondos habilitados a invertir en deuda argentina. A la vez, la balanza comercial volvió a mostrar un superávit firme, apoyado en el agro y la energía, y el BCRA siguió sumando reservas. La otra cara fue la de siempre. La actividad perdió impulso y encadenó una nueva caída. Los salarios apenas le ganaron a la inflación, y la confianza del consumidor retrocedió con fuerza. Como venimos anticipando, la recuperación sigue siendo de dos velocidades: necesita que el consumo y la inversión acompañen a los sectores que ya traccionan. En los activos, el envión de la mejora crediticia se diluyó sobre el cierre y el riesgo país cedió terreno tras acercarse a la zona de mínimos. El Merval, en cambio, cortó la racha negativa. En pesos, el dólar oficial rebotó y las tasas descomprimieron. Con la inflación cediendo y la nominalidad apenas en alza, la tasa real empieza a recomponerse gradualmente. La atención de esta semana pasará por la licitación del Tesoro y por cómo transita el dólar el cierre de julio.
Moody's mejoró la nota soberana. Moody's elevó la calificación de la deuda argentina en moneda local y extranjera de Caa1 a B3, con perspectiva positiva, dejándola en el equivalente al B- de Fitch y S&P: por primera vez en más de una década las tres grandes agencias quedan alineadas. La organización fundamentó la mejora en que el riesgo de default se redujo de manera material, a medida que la estabilización macroeconómica avanzó más allá de la fase inicial de ajuste. El upgrade tiene, además, una implicancia técnica para la demanda: muchos mandatos institucionales no pueden tener deuda calificada en la zona CCC y requieren que al menos dos de las tres agencias ubiquen al emisor en categoría B. Con las tres ahora alineadas en B-, se habilita gradualmente a un universo más amplio de fondos a invertir en deuda argentina, aunque todavía lejos del grado de inversión. El envión inicial sobre los soberanos, de todos modos, se diluyó sobre el cierre con el deterioro del clima global.
La actividad perdió impulso. El EMAE cayó 0,5% s.e. en mayo y encadenó su segunda baja mensual consecutiva, después del salto de marzo (+3,5%) y del retroceso de abril (–1,5%): tras el pico del primer trimestre, la actividad viene cediendo. El sostén sigue viniendo de los sectores primarios y la energía, en tanto que la industria, el comercio y todo lo ligado al mercado interno no logra sumarse. Con los datos de junio todavía flojos, el segundo trimestre cerraría a la baja.
Ingresos y confianza, sin tracción para el consumo. El índice de salarios subió 2,2% m/m en mayo y le ganó por poco a la inflación (2,1%), pero la mejora se concentró en los salarios informales (privado no registrado, +3,5%), mientras que los formales quedaron atrás: el privado registrado (+2,0%) corrió apenas por debajo de los precios y el público (+1,5%) volvió a perder. Con las paritarias cerrando cerca de la inflación, el salario real todavía no recompone lo cedido a fines del año pasado. En paralelo, la confianza del consumidor de la UTDT cayó 4,8% m/m en julio, hasta 40,7 puntos, cortando dos meses de mejora y quedando 12,3% por debajo de un año atrás, la mayor caída interanual desde la pandemia. Consumo e ingresos siguen siendo el motor que le falta a la recuperación.
Superávit comercial firme. La balanza comercial de junio marcó un superávit de USD 2.194 M, el 31° mes consecutivo de saldo positivo: las exportaciones subieron 24,5% i.a. (USD 9.055 M) y las importaciones apenas 7,3% (USD 6.861 M). El salto exportador se concentró en las manufacturas de origen agropecuario (+31,6%), las de origen industrial (+31,4%) y los combustibles y energía (+31,1%), al tiempo que los productos primarios crecieron solo 3,6%. En el semestre el saldo trepó a USD 13.923 M, muy por encima de los USD 2.762 M de un año atrás, con exportaciones avanzando 24,4% e importaciones cayendo 3,9%. La composición importadora, en cambio, refuerza el diagnóstico de actividad débil: las bajas se dieron en bienes de capital (–8,0%), sus piezas y accesorios (–9,4%) y los vehículos (–10,6%), todo ligado a la inversión, mientras el alza se concentró en los combustibles.
El BCRA sumó reservas y el dólar rebotó. El Central compró USD 492 M en la semana y acumuló USD 1.937 M en julio (USD 13.111 M en el año). El ritmo del mes —unos USD 121 M diarios— se ubica por encima de los USD 67 M de junio, aunque apoyado en algunas operaciones puntuales de mayor monto, ya que el goteo diario se mantiene modesto. Las reservas brutas subieron USD 393 M hasta USD 49.183 M. A su vez, el tipo de cambio oficial rebotó 1,0% hasta $1.494,4 (+0,8% en el mes), un movimiento acotado en el que también incidió la mayor demanda del propio BCRA sobre el final de la semana. Los dólares financieros acompañaron: el MEP avanzó 0,4% hasta $1.527,9 y el CCL 1,3% hasta $1.597,5, con el canje ampliándose a 4,6%.
La curva de pesos descomprimió. Las tasas subieron de forma generalizada, en sintonía con el rebote del tipo de cambio oficial. Las Lecaps cerraron casi sin cambios en el índice, pero con la TEM unos 10 pb más arriba, en 1,9%-2,0% mensual: el tramo corto avanzó mientras el largo cedió hasta 0,7%. Entre los ajustables, los dollar-linked lideraron con +0,8% —favorecidos por ese mismo movimiento del oficial—, seguidos por los CER (+0,6%) y la TAMAR (+0,4%), cuya tasa de referencia se acercó al 23% TNA. En los CER el alza se concentró en el tramo largo, que rinde hasta CER+8% contra CER+2% del corto y donde se dio la mayor descompresión. Como venimos anticipando, la tasa real empieza a recomponerse: la inflación viene cediendo y la nominalidad sube apenas, con la inflación implícita en los bonos en torno a 1,8% m/m para julio. La liquidez holgada evita mayores tensiones, aunque un repunte del crédito podría cambiar el equilibrio.
Los soberanos cedieron y el Merval rebotó. Tras el envión inicial por la mejora de Moody's, la deuda hard dollar terminó la semana en baja por el regreso de la tensión geopolítica: los Globales retrocedieron 0,9% y los Bonares 0,4%, con las mayores caídas en el tramo largo (GD46 –2,1%, GD35 –1,5%, AL41 –1,4%). A estos precios, los Globales rinden en promedio 5,7% en el tramo corto y 8,5% en el largo, en tanto que los Bonares ofrecen 6,6% y 9,0%, respectivamente. El riesgo país revirtió parte de la compresión previa y volvió a 437 pb, desde 418. Los BOPREAL, en cambio, cerraron con leves alzas (+0,4% en MEP). Asimis, el Merval cortó la racha negativa y ganó 3,0% en dólares, hasta la zona de USD 2.081, con la energía (YPF, Vista, Pampa) favorecida por el aumento del precio del petróleo.
Lo que viene. La agenda local viene liviana en datos, con el foco puesto en el frente financiero y el cierre de mes. Hoy se publican el Índice de Confianza en el Gobierno y las condiciones de la licitación que el Tesoro llevará a cabo el miércoles. Los vencimientos ascienden a $8,5 billones, mayormente en manos privadas —entre ellos, USD 2.247 M de títulos dollar-linked, cuyo fixing puede sumar demanda y presionar al dólar hacia el cierre de mes—, en un contexto de liquidez todavía holgada pero con tasas que empezaron a descomprimir. La atención de esta semana pasará por el resultado de la licitación y por cómo transita el dólar el final de julio.





