Un ETF (Exchange Traded Fund) es un fondo que cotiza en bolsa como si fuera una acción, y que replica el desempeño de un índice, sector o canasta de activos mediante un mecanismo de creación y rescate de cuotas que involucra a participantes autorizados (grandes bancos e instituciones). Estos participantes pueden entregarle al fondo una canasta de los activos subyacentes a cambio de nuevas cuotas del ETF, o hacer el proceso inverso, lo que mantiene el precio de mercado del ETF muy cerca de su valor de activos netos (NAV) en todo momento. Ese arbitraje estructural es lo que distingue a un ETF de un fondo común tradicional, que solo se suscribe o rescata una vez al día a un valor de cierre.

Un CEDEAR (Certificado de Depósito Argentino) resuelve un problema distinto: cómo acceder, desde una cuenta comitente local y en pesos, a un activo que legalmente reside en otra jurisdicción. Un banco depositario en Argentina (o su corresponsal en el exterior) mantiene la tenencia real de las acciones o cuotas del ETF subyacente, y emite certificados negociables en el mercado local en una proporción definida —el ratio de conversión— que puede ser 1:1, 5:1, 10:1, etc., según el activo. El CEDEAR no reemplaza al ETF: en el caso del CEDEAR de SPY (que replica al S&P 500), lo que se compra en BYMA es un certificado sobre cuotas de un ETF norteamericano, lo que en la práctica apila dos capas de estructura sobre el mismo activo subyacente.

La diferencia más relevante para el inversor argentino no es conceptual sino de precio implícito: como los CEDEARs cotizan en pesos pero representan un activo valuado en dólares, su cotización incorpora de forma indirecta un tipo de cambio cercano al CCL. Esto genera una particularidad poco intuitiva: un CEDEAR puede subir un día en que la acción subyacente cerró sin cambios en Wall Street, simplemente porque subió el dólar CCL implícito, o puede caer pese a una suba en dólares si el arbitraje cambiario se movió en sentido contrario. Comprar el ETF original de forma directa (vía cuenta internacional) elimina esta capa cambiaria, pero suma otras fricciones: apertura de cuenta en el exterior, tributación distinta y menor liquidez operativa desde Argentina.

En términos de costos también hay matices. Un ETF cobra un expense ratio anual (habitualmente entre 0,03% y 0,75% según qué tan pasivo o especializado sea) que se descuenta directamente del fondo. El CEDEAR no agrega una comisión de gestión propia —no administra una cartera, solo representa una tenencia—, pero sí paga costos de custodia y de conversión que suelen estar implícitos en el spread de compra-venta, más los costos de intermediación habituales de operar en el mercado local.

Para quien recién empieza, la recomendación práctica es simple: si el objetivo es diversificación amplia con el menor costo posible y hay acceso a cuenta en el exterior, el ETF directo suele ser más eficiente. Si la prioridad es operar en pesos, sin trámites de apertura en el exterior y con la liquidez del mercado local, el CEDEAR (incluso el de un ETF, no solo de acciones individuales) cumple un rol equivalente, asumiendo el costo adicional de la volatilidad cambiaria implícita.