Los mercados globales tuvieron una semana tensa, aunque el balance general fue positivo. La situación en Irán le dio volatilidad al precio del petróleo, que terminó prácticamente sin cambios. En la interna de EE. UU., la presión de Trump sobre los bancos y sobre Powell sumó una cuota adicional de incertidumbre respecto de la independencia de la Fed. El oro continuó aprovechando este contexto y volvió a cerrar en máximos históricos. Sin embargo, los buenos datos económicos conocidos en la última semana, como una inflación menor a la esperada, la recuperación del empleo y el buen dinamismo del nivel de actividad, apagan las alarmas por recortes de tasas, al tiempo que el resultado fiscal volvió a empeorar. Todo esto presionó sobre los rendimientos de los bonos del Tesoro, en especial en el tramo corto. El S&P 500 retrocedió levemente, con rotación de los inversores desde las acciones tecnológicas hacia las de sectores cíclicos y las empresas de menor capitalización, aunque se mantiene en niveles máximos. La semana arranca nuevamente tensionada por las amenazas de suba de aranceles de Trump contra ocho países europeos –entre ellos, Alemania, Francia y Reino Unido–, a los que les aumentaría la alícuota en 10% hasta 25% a partir de febrero. En cuanto a la agenda económica, lo más importante estará en los datos de actividad del 3Q25 y en los resultados de las empresas del 4Q25.
Tensiones geopolíticas. El mapa geopolítico sigue siendo un factor de incertidumbre para los inversores. Con la situación en Gaza y en Ucrania en un segundo plano –al menos en las últimas semanas–, ahora la atención se centra en América Latina, Irán y Groenlandia. La semana pasada, las miradas se desplazaron de Venezuela –donde no hubo grandes avances en cuanto a la transición hacia un régimen democrático, más allá de la reunión de Trump con Colina Machado en Washington– hacia Irán, donde se vienen produciendo violentas protestas contra el régimen, motivadas por una situación económica delicada, con alta inflación y desempleo, pero que también incluyen exigencias políticas contra el líder supremo, constituyendo el movimiento antigubernamental más grande desde 2002. La respuesta del gobierno iraní fue una represión con miles de muertos y detenidos. En este contexto, Trump aumentó la presión al amenazar con una intervención y fomentar a los iraníes a seguir protestando, aunque al mismo tiempo retiró parte de su personal militar de bases en la región. La situación en el país asiático es un motivo de mayor incertidumbre para los inversores, dado que Irán es uno de los principales países productores de petróleo –es uno de los principales productores de la OPEP, al producir más de 3 millones de barriles por día y contar con la tercera reserva de petróleo más grande del mundo–, por lo que la evolución del conflicto presionó sobre el precio del crudo, que tuvo una semana volátil. Otro foco de incertidumbre para el mercado es la presión de Trump sobre Groenlandia –territorio autónomo del Reino de Dinamarca–, dado que insiste en que EE. UU. debería tomar control de la isla, argumentando que es vital para la seguridad nacional del país, especialmente por su ubicación estratégica en el Ártico y los recursos naturales que posee. Incluso sugirió que podría imponer aranceles a países que no apoyen este plan, lo que generó un fuerte rechazo diplomático en Europa.
Tensiones internas. En el plano interno, Trump también generó tensiones que derivaron en inestabilidad en el mercado, a partir de la presión sobre el sistema financiero mientras escala la pelea con Powell. Primero anunció que quiere poner un tope del 10% anual a las tasas de interés (hoy rondan entre 20% y 30%) de las tarjetas de crédito por un período de un año, a partir del 20 de enero de 2026, para proteger a los consumidores del “abuso” de las compañías de tarjetas al cobrar intereses muy altos, aunque no dio ningún detalle sobre cómo ejecutarlo. Recordemos que el presidente no puede obligar directamente a los bancos a bajar las tasas sin legislación, por lo que su mensaje fue interpretado como una presión política y un ultimátum. Además, el presidente también anunció que enviará un proyecto de ley para impulsar la competencia y obligar a los grandes gigantes del sector –Visa y Mastercard– a recortar las comisiones que cobran a las tiendas cada vez que alguien paga con tarjeta. Pero, sin dudas, lo más importante fue la escalada de la pelea pública que mantiene Trump con el presidente de la Fed, Jerome Powell. Recordemos que, desde que asumió, el mandatario viene criticando la “pereza” de Powell para bajar las tasas de interés. La disputa tuvo un nuevo capítulo cuando el Departamento de Justicia abrió una investigación penal sobre Powell, relacionada con el costo y manejo de una costosa renovación de las oficinas de la Fed –lo acusan de dar información falsa sobre el proyecto y es por ello que el presidente podría destituirlo–, a lo que Powell respondió que se trata de una intimidación política vinculada a su desacuerdo sobre la política de tasas. Este “affaire” vuelve a poner en el centro de la escena la independencia de la Fed y, por ahora, Powell recibe más apoyos –varios senadores, incluso del partido de Trump, han defendido la independencia de la Fed y criticado el uso de la justicia como herramienta política–.
La carrera por el sucesor de Powell. En mayo de este año, Jerome Powell termina su mandato como presidente de la Fed y Donald Trump tiene la facultad de nominar a su sucesor, que luego debe ser confirmado por el Senado. La sucesión no es un dato menor, ya que podría convalidar una política monetaria más alineada con las preferencias de Trump, con bajas de tasas más agresivas. Los nombres que se manejan son los de Kevin Hassett –director del Consejo Económico Nacional–, considerado por el presidente como favorito porque comparte su postura de bajar las tasas de interés con mayor rapidez, aunque en los últimos días dejó entrever que preferiría mantenerlo en su cargo actual. También se menciona a Kevin Warsh –exgobernador de la Fed y figura con experiencia dentro de la institución–, quien cuenta con credibilidad ante el Senado, lo que podría facilitar su confirmación. Otro que aparece en la carrera es Christopher Waller –gobernador actual de la Fed–, con un perfil técnico bien valorado. El candidato debe ser confirmado por el Congreso, por lo que aquel con mayor potencial de apoyo bipartidista, como Warsh, muestra ventaja en algunos mercados de predicción.
Inflación contenida. En diciembre, el IPC de EE. UU. marcó un alza de 0,3% m/m, en línea con las expectativas del mercado, empujado por el aumento de 0,4% m/m en el costo de vivienda, que representó la mayor contribución al incremento general, mientras que los precios de autos y camiones cayeron 1,1% m/m. Por su parte, el IPC Core subió 0,2% m/m, por debajo de las previsiones del 0,3% m/m. En términos interanuales, el IPC acumuló un incremento de 2,7%, igual que en noviembre y, pese al aumento de tarifas, resultó inferior a la de 2024, cuando había marcado 2,9%. Por su parte, el IPC Core subió 2,6%, contra 3,2% i.a. en 2024, siendo el menor incremento anual desde 2021. Pese a esta moderación, la dinámica de precios aún se mantiene por encima del objetivo de la Fed, ya que, para que el PCE logre un alza de 2,0% i.a., el IPC Core debería aumentar 2,3% i.a.
Buenos datos de actividad. Si bien la dinámica del empleo es un foco de incertidumbre para los analistas, considerando el freno que tuvo la creación de puestos de trabajo no agrícolas desde mayo pasado –recordemos que de crear 123 mil puestos de trabajo por mes en los primeros cuatro meses de 2025, en los últimos ocho meses promedió apenas 32 mil–, los indicadores publicados en la última semana dieron cuenta de que la actividad económica se mantiene firme. En cuanto al mercado laboral, las peticiones iniciales de desempleo cayeron en 9 mil respecto de la semana anterior, hasta 198 mil en la semana que terminó el 10 de enero, lo que contrasta con las expectativas del mercado de un aumento a 215 mil –la segunda lectura más baja en dos años–. También fue positivo el dato semanal de ADP, que mostró que las empresas privadas crearon un promedio de 11.750 empleos semanales en las cuatro semanas que finalizaron el 20 de diciembre de 2025, frente a una ganancia promedio de 11.000 en el período anterior, marcando el quinto período consecutivo de crecimiento del empleo y el ritmo más sólido desde finales de noviembre, con una contratación que se mantiene firme en terreno positivo. Las ventas minoristas, a su vez, aportaron una buena noticia al anotar un alza de 0,6% m/m en noviembre pasado, la mejor marca desde julio, recuperándose de la caída de 0,1% m/m en octubre y superando las previsiones de un aumento de 0,4% m/m. El conjunto de buenos datos lo completó la producción industrial, que en diciembre subió 0,4% m/m, igual que en noviembre y por encima de las expectativas del mercado de 0,1% m/m. Con todo esto, el Nowcast de Atlanta apunta a un crecimiento del 4Q25 de 5,3% t/t anualizado, acelerando respecto del 4,3% t/t del 3Q25 y quedando 2,4% por encima del mismo período de 2024. Este resultado estaría siendo impulsado por un mayor aporte de las exportaciones netas, dada la caída de las importaciones y la suba de las exportaciones, en un contexto en el que el consumo y la inversión mantuvieron su ritmo de crecimiento en torno al 3% t/t.
La mochila fiscal. La evolución de las cuentas públicas de EE. UU. es una de las preocupaciones centrales de los inversores, no solo por el marcado deterioro que mostraron luego de la pandemia, sino también por los planes de Trump de avanzar con una política más expansiva. En este marco, la semana pasada se publicaron los datos de diciembre, que marcaron un déficit primario de USD 52,8 billones –vs. uno de USD 4,9 billones en diciembre del año pasado–, que al contabilizar los pagos de intereses de la deuda se elevó a USD 144,8 billones, 67% más alto que un año atrás y convirtiéndose en el mayor déficit registrado para un mes de diciembre en la serie histórica, debido a que los gastos subieron 16% i.a. y los ingresos crecieron 6,0% i.a. (sin aranceles, apenas 2,0% i.a.). A pesar de este deterioro, en lo que va del actual año fiscal, el déficit global alcanza USD 602 billones, 15% inferior al del ejercicio anterior –en términos de PBI bajó de 2,5% a 2,0% para los primeros tres meses–, gracias a que los ingresos crecieron 13% i.a. (sin aranceles, 7% i.a.) y los gastos se mantuvieron estables. Recordemos que el ejercicio fiscal 2025 (de octubre 2024 a septiembre 2025) marcó un déficit de 5,8% del PBI, 2 pp por encima del promedio histórico, y que la deuda pública superó el 100% del PBI.
Presión sobre las tasas. Pese a los buenos datos de inflación, los rendimientos de los bonos del Tesoro volvieron a estar bajo presión, especialmente en el tramo corto de la curva. Esto es producto de varios factores: i) en primer lugar, con la economía en alza y el empleo recuperando dinamismo, la decisión de bajar la tasa de referencia pierde impulso; ii) Trump le bajó las chances a Hassett como candidato a presidir la Fed, por lo que disminuye la expectativa de una flexibilización monetaria más agresiva; iii) la debilidad de los datos fiscales, sumada a los ataques sobre la independencia de la Fed, llevó a los inversores a exigir una mayor compensación por la deuda a largo plazo. En este contexto, el rendimiento de la UST2Y cerró la semana en 3,60%, 6 pb por encima de la semana anterior, acumulando en el mes un alza de 13 pb. La UST10Y mostró una dinámica similar y terminó en 4,23% –el nivel más alto de los últimos cuatro meses–, con una suba de 6 pb en la semana y de 8 pb en el mes, en tanto que la UST30Y quedó en 4,84%, lo que implicó un alza de 2 pb en la semana y de solo 1 pb en el mes. Estos movimientos de la curva presionaron a todos los índices de renta fija, que tuvieron una semana levemente negativa, con una caída promedio de 0,1%, aunque en lo que va de enero acumulan una ganancia de 0,2%, destacándose nuevamente los corporativos, tanto de alto rendimiento como Investment Grade, con avances de 0,6% y 0,3%, respectivamente.
Se fortalece el dólar. A pesar de la mala performance de los bonos del Tesoro, peor fue la de los bonos japoneses –el rendimiento de los bonos a 10 años subió a 2,18%, el nivel más alto de los últimos 27 años–, mientras que la debilidad de los europeos le dio soporte al dólar, que volvió a fortalecerse. Concretamente, el US Dollar Index aumentó 0,2% en la semana y 1,1% en lo que va de enero, empujado por el avance de 1,3% frente al euro y de 0,9% frente al yen. Contra el real brasileño operó estable, aunque en lo que va del mes pierde 2,0%.
Acciones caen, pero siguen en máximos. Los principales índices de acciones estadounidenses tuvieron una semana mayormente negativa, en la que solo se destacaron las small caps, que vienen mostrando un auspicioso inicio de año con un alza de 2,1% en la semana y de 8% en lo que va de enero –con esto se acoplaron a la performance que tuvieron los otros índices en 2025–, favorecidas por una rotación desde las grandes empresas tecnológicas hacia acciones más ligadas al ciclo económico doméstico y con mayor exposición al crecimiento interno. El peor desempeño lo tuvo el Nasdaq, que retrocedió 0,7% y achicó la ganancia del mes a 1,2%. El S&P 500 perdió 0,3% y en el año gana 1,4%, en tanto que el Dow Jones bajó 0,3% y lidera el rendimiento en enero con una ganancia de 2,7%. A nivel sectorial, industrial, consumo y Real Estate registraron los mejores resultados, subiendo 3,5% en la semana y más de 5% en el mes, acompañados por las energéticas, que en la semana ganaron 2,0% y 7% en enero. Distinto fue el caso del sector financiero y el tecnológico, que mostraron un desempeño mayormente negativo.
Mejoran los emergentes. A nivel global, las acciones continuaron mostrando un mejor resultado que el mercado estadounidense. De hecho, mientras que el índice global de acciones subió 0,2% en la semana y 2,5% en el mes, al excluir EE. UU. las ganancias ascienden a 0,9% y 4,1%, respectivamente, con subas generalizadas entre los países, destacándose Japón y Latam con alzas del 7% en lo que va de enero.
Commodities en alza. Si bien los factores geopolíticos le dieron volatilidad, los commodities volvieron a cerrar una semana con subas generalizadas. El petróleo finalizó en USD 59 el barril de WTI, 0,5% por encima de la semana previa, acumulando en el mes un alza de 3,5%, empujado por los temores de falta de suministro derivados de la crisis en Irán, compensados en parte por la mayor oferta de la OPEP y de EE. UU. En paralelo, el cobre retrocedió 1,1%, aunque en el mes gana 2,8%, y la soja avanzó 0,9%, hasta USD 388 la tonelada, y un 2,6% en enero. Finalmente, el oro continuó su escalada al cerrar en USD 4.595 la onza y, si bien durante la semana cotizó por encima de USD 4.600, en lo que va del mes acumula un alza de 6,5%.
Lo que viene. Los mercados estadounidenses estarán cerrados el lunes por el Día de Martin Luther King Jr., antes de una semana intensa en materia de resultados y datos económicos. La temporada de resultados del 4Q25 está en pleno apogeo, con la presentación de los balances de importantes empresas como 3M, Netflix, J&J, Charles Schwab, Prologis, Visa, Abbott Laboratories, GE Aerospace, P&G, Intel, Intuitive Surgical y NextEra Energy. El calendario de datos económicos estará cargado por las publicaciones de ingresos y gastos personales de octubre y noviembre –las previsiones apuntan a un aumento de 0,5% m/m en el gasto de los consumidores en noviembre y de 0,4% m/m en los ingresos personales–. También el índice de precios PCE –se espera que tanto la inflación general como la subyacente del PCE aumenten 0,2% m/m– y otra estimación del PBI del 3Q25 –se prevé que confirme que la economía estadounidense se expandió a un ritmo anualizado de 4,3%–. Los datos adicionales en foco incluyen las encuestas preliminares del PMI global del S&P, las ventas de viviendas pendientes de diciembre, la lectura final del índice de sentimiento del consumidor de la Universidad de Michigan, el gasto en construcción y las actualizaciones semanales sobre el empleo del sector privado y las solicitudes iniciales de desempleo.


