El escenario global continúa marcado por el conflicto en Medio Oriente, donde la guerra amenaza con extenderse a toda la región. Si bien Trump anunció el lunes una tregua por cinco días, abriendo una puerta a las negociaciones con Irán, medios persas desmienten el acercamiento y los bombardeos cruzados continuaron. En este contexto, el petróleo recuperó parte de la caída que había marcado el lunes y ayer subió 5%, presionando nuevamente sobre los rendimientos de los bonos del Tesoro, fortaleciendo al dólar y limitando la recuperación de las acciones.

El martes, los tres principales índices operaron mayormente a la baja e interrumpieron la recuperación que habían logrado el lunes. El S&P 500 cayó 0,2%, el Nasdaq 0,6%, mientras que el Dow Jones cerró prácticamente sin cambios. La nueva suba del precio del petróleo impulsó las acciones del sector energético, que ganaron un 2% –único grupo del S&P 500 en territorio positivo en marzo–, en tanto que las empresas de IA de alto crecimiento, incluidas Oracle y Microsoft, enfrentaron presión vendedora, con Oracle perdiendo un 4,7% a pesar de que los analistas mantenían objetivos alcistas.

Los rendimientos de los bonos del Tesoro volvieron a subir y alcanzaron el nivel más alto en ocho meses, presionados por la combinación de riesgos inflacionarios y de mayor gasto que traería una prolongación del conflicto en Medio Oriente –según informes, EE. UU. desplegó más tropas en la región, en contra de la expectativa de una desescalada, al tiempo continuaban los ataques entre ejércitos–. La UST2Y subió 6 pb hasta 3,89%, en tanto que la UST10Y quedó en 4,37%, 3 pb más arriba que el lunes. Como resultado, el índice de bonos retrocedió 0,3%, con una performance idéntica entre los bonos del Tesoro y los bonos corporativos. Los bonos de mercados emergentes volvieron a ser los más golpeados, con una caída de 0,4% y estirando la pérdida en lo que va del mes a 4,3%.

El mercado mantuvo un tono cauto, con las acciones a la baja, en un contexto marcado por el endurecimiento del mensaje de la Fed y la persistente incertidumbre geopolítica. Las tasas operaron mixtas y los bonos mejoraron. En paralelo, el dólar se debilitó y los metales siguieron corrigiendo, mientras que los commodities energéticos se moderaron ante señales menos agresivas en el conflicto.

El mercado de commodities estuvo liderado por la dinámica del petróleo, que ayer anotó un alza de 5%, consolidándose como el principal canal de transmisión del shock geopolítico. El WTI cerró en USD 93 y el Brent levemente por encima de USD 100 el barril. La volatilidad fue elevada, con fuertes movimientos intradiarios asociados a noticias sobre posibles treguas o escaladas del conflicto. Este nivel de precios refuerza los riesgos de un shock de oferta con impacto global. Por su parte, el oro mostró un comportamiento más moderado, con un repunte de 1,5% finalizando  en USD 4.471 la onza.

El dato económico del día correspondió al índice PMI compuesto de EE. UU. del S&P Global, que en su versión preliminar de marzo cayó a 51,4 desde 51,9 en febrero, marcando su nivel más bajo desde abril del año pasado y señalando un segundo mes consecutivo de desaceleración del crecimiento. Si bien aún se encuentra por encima del umbral de 50 que indica expansión, la lectura apunta al desempeño trimestral más débil desde finales de 2023. La actividad empresarial se desaceleró a su nivel más bajo en 11 meses debido a la disminución de los nuevos pedidos y al aumento de los precios tras la guerra en Medio Oriente. Esta desaceleración fue liderada por el sector servicios, mientras que la manufactura mostró resiliencia, con un mayor crecimiento de la producción y los pedidos, respaldado en parte por la disminución de las preocupaciones arancelarias. A su vez, la confianza en el sector privado se debilitó, lo que llevó a la primera caída del empleo en más de un año. Por otro lado, los costos de los insumos aumentaron drásticamente, impulsando el mayor incremento en los precios de venta desde agosto de 2022, vinculado en gran medida a los mayores costos de la energía y la escasez de suministro, en tanto que los plazos de entrega de la manufactura se alargaron significativamente.