La extensión del conflicto en Medio Oriente y las bajas expectativas de encontrar una solución rápida y duradera aumentan los temores sobre el futuro de la economía global. La reunión entre Trump y Xi Jinping de la última semana no trajo noticias alentadoras, y el estrecho de Ormuz sigue prácticamente bloqueado, lo que continúa afectando el normal suministro de energía. A esto se sumó una nueva advertencia de la Agencia Internacional de Energía, que estima que el mercado petrolero seguirá gravemente desabastecido al menos hasta octubre, incluso si los combates finalizasen en las próximas semanas. En este contexto, el precio del petróleo escaló nuevamente y cerró la semana por encima de USD 100 el barril, lo que agrega presión sobre la inflación global. Esto impulsó al alza los rendimientos de los bonos del Tesoro de los principales países desarrollados, que alcanzaron los niveles más altos de la última década. En el caso de EE. UU., la inflación minorista y mayorista de abril estuvo por encima de lo esperado y le dio una ingrata bienvenida a Kevin Warsh, quien, más que administrar un recorte de tasas, tendrá que decidir si el contexto actual requiere una política monetaria más restrictiva. Con todo esto, los mercados globales tuvieron una semana negativa, con caídas generalizadas en bonos y acciones, fortalecimiento del dólar y commodities al alza. Vale destacar que las acciones americanas, apoyadas por la excelente temporada de balances, tuvieron una mejor performance, manteniéndose en niveles récord y diferenciándose de las del resto del mundo, que sufrieron pérdidas importantes. Las miradas de esta semana estarán en la evolución del conflicto en Medio Oriente, en las actas de la última reunión de la Fed y en el balance de Nvidia.
De Ormuz a Pekín. Con el conflicto en Medio Oriente sin avances –Trump rechazó totalmente la contrapropuesta iraní, principalmente porque Irán se niega a desmantelar su plan nuclear–, las miradas de los inversores estuvieron en la cumbre entre Trump y Xi Jinping en Pekín –la primera visita de un presidente estadounidense a China desde 2017–. El tono general de la reunión fue constructivo, con Xi Jinping afirmando que “los intereses comunes de China y EE. UU. superan sus diferencias” y que ambos países deberían ser “socios, no rivales”, mientras que Trump aseguró que la relación “va a ser mejor que nunca” y que tendrán “un futuro fantástico juntos”. Sin embargo, no hubo avances en la cuestión de fondo: en cuanto al comercio y los aranceles, apenas hubo compromisos nebulosos sobre compras agrícolas, adquisición de petróleo y algunas conversaciones sobre la posibilidad de abrir las ventas de microchips a China. Tampoco hubo ningún acuerdo firme para reabrir el estrecho de Ormuz y, en cuanto a Taiwán, Xi Jinping afirmó que una gestión equivocada de ese asunto podría provocar un conflicto entre ambos países.
El petróleo volvió a subir. Ante la falta de novedades en torno al conflicto en Medio Oriente, el estrecho de Ormuz continuó prácticamente cerrado –solo un pequeño número de embarcaciones logró salir del Golfo Pérsico desde que comenzó el conflicto–, lo que sigue dificultando el suministro global de energía. La Agencia Internacional de Energía advirtió que el mercado petrolero podría seguir gravemente desabastecido hasta octubre, incluso si los combates terminan el próximo mes, mientras que las reservas de petróleo siguen reduciéndose. En este contexto, el precio del petróleo escaló otro 10% en la semana y cerró con el WTI en USD 106 el barril, acumulando en el año un alza de 84%. Esto volvió a generar preocupación sobre la dinámica de la inflación y de las tasas de interés de los principales bancos centrales, que operaron con subas generalizadas (ver más abajo). Salvo la soja, que en la semana retrocedió 1,4%, el resto de las materias primas tuvo un comportamiento entre estable y alcista, entre las que se destacó el trigo con un avance de 5% en la semana ante las malas perspectivas de la cosecha americana. Como viene ocurriendo desde que comenzó la escalada del precio del petróleo, el oro operó en sentido inverso, cediendo 4% en la semana, y finalizando en USD 4.530 la onza.
Repunta la inflación. Desde marzo, los índices de precios se vienen acelerando en todo el mundo, lo que pone más presión sobre los bancos centrales, que dejaron atrás una perspectiva de baja de tasas. En cuanto a EE. UU., el IPC de abril subió 0,6% m/m, desacelerando respecto de marzo, cuando había marcado un aumento de 0,9% m/m ante la escalada del precio del petróleo, por lo que en los últimos doce meses acumuló un alza de 3,8%, el peor resultado desde mayo de 2023, superando levemente las expectativas del mercado. El incremento en energía explicó el resultado del mes, ya que subió 3,8% m/m –representó casi la mitad del aumento total– y 18% i.a., seguido por los capítulos de vivienda y alimentos, que aumentaron 0,6% m/m y 0,5% m/m, respectivamente. La peor nota la dio el IPC Core –excluye energía y alimentos–, que en abril aceleró su marcha a 0,4% m/m, la más alta desde enero de 2025, acumulando en el último año un alza de 2,8%. Igual tendencia mostraron los precios mayoristas, que superaron ampliamente las expectativas del mercado al anotar una suba de 1,4% m/m y de 6,0% i.a., afectados por los precios de la energía, que aumentaron 15,6% m/m. Además, se destacó que el índice de servicios aceleró 1,2% m/m –el mayor salto desde marzo de 2022–, impulsado por un aumento de 2,7% m/m en los servicios de comercio, señal de que los aranceles podrían estar comenzando a trasladarse más ampliamente a los precios.
La debilidad de las cuentas públicas. La dinámica fiscal de EE. UU. sigue siendo la mayor debilidad de la economía americana, considerando el deterioro que tuvo en los últimos años en un contexto de crecimiento y en el que la carga de intereses es cada vez más alta debido al fuerte incremento de la deuda pública en los últimos siete años. Con este marco de fondo, en abril, el gobierno federal registró un superávit de USD 215.000 M, USD 43.000 M por debajo del que había marcado en el mismo mes del año pasado –recordemos que abril es un mes típicamente superavitario porque coincide con la temporada de pago de impuestos–. El deterioro obedeció a que los ingresos cayeron 1,5% i.a. –debido a la menor recaudación del impuesto a las ganancias corporativas, ya que las empresas tomaron mayores deducciones por inversiones tras la ley de reconciliación de 2025 y, de no haber sido por los ingresos por aranceles, la baja habría sido de 2,3% i.a.–, mientras que el gasto total subió 5,2% i.a., con el gasto primario aumentando 4,5% i.a. y los intereses de deuda 9,0% i.a. Con este resultado, el déficit acumulado del año fiscal 2026 llegó a USD 955.000 M, un 9% menor que en el mismo período del año anterior, gracias a que los ingresos crecieron 6,7% i.a., en tanto que el gasto total lo hizo al 2,8%. Vale destacar que la carga de intereses de la deuda consume el 18,6% de los ingresos y el 14% del gasto total, cuando previo a la pandemia estos representaban el 11% y el 8%, respectivamente.
La actividad, por ahora, resiste. Pese a la elevada incertidumbre y a la presión de la inflación, hasta el momento los indicadores de actividad conocidos de abril vienen resultando en línea con lo esperado. En cuanto al mercado laboral, el indicador semanal de empleo privado de ADP marcó que se agregaron un promedio de 33.000 puestos de trabajo por semana en las cuatro semanas que terminaron el 25 de abril de 2026, un ligero aumento respecto de la ganancia semanal de 30.250 en el período anterior. Por otro lado, la producción industrial aumentó 0,7% m/m en abril –el mayor incremento en 14 meses y por encima de las expectativas del mercado, que preveían un aumento de 0,3% m/m–, recuperándose de la caída de 0,3% m/m del mes anterior y acumulando en los últimos doce meses una expansión de 1,4%. Finalmente, las ventas minoristas subieron 0,5% m/m, muy por debajo del 1,6% m/m de marzo, y quedaron por debajo de la inflación, por lo que podríamos ver que el consumo en términos reales comenzó a sentir el impacto. Idéntico resultado tuvo el indicador de ventas minoristas “Core”, utilizado para calcular el PBI. A pesar de la debilidad de esto último, la estimación del Nowcast de la Fed de Atlanta para el PBI del 2Q26 apunta a un sólido crecimiento de 4,0% t/t anualizado, duplicando el que había marcado en el 1Q26.
Kevin Warsh confirmado. Con 54 votos a favor y 45 en contra –el margen de confirmación más reducido de la historia, reflejo de la polarización política que vive EE. UU., pues el respaldo bipartidista a los nombramientos de la Fed solía ser la regla–, Kevin Warsh fue confirmado el miércoles por el Senado como el 17° presidente de la Fed. Powell decidió continuar como miembro de la Junta de Gobernadores. Warsh es visto como más alineado con Trump, quien lleva tiempo exigiendo recortes de tasas, pero la inflación ascendente complica cualquier movimiento en ese sentido. De todos modos, el presidente de la Fed tiene solo un voto en el FOMC: puede controlar la agenda de cada reunión, pero no tiene autoridad unilateral sobre lo que decide la mayoría del comité. Entre los cambios que Warsh ha propuesto o insinuado están reducir el balance –actualmente en USD 6,7 billones–, coordinar más con el Tesoro, reducir las reuniones de política de ocho a cuatro por año, dar menos conferencias de prensa y anticipar menos señales sobre el rumbo de las tasas. Su primera gran prueba será la reunión de junio del FOMC, en un escenario de inflación elevada y presión política intensa.
Fuerte suba de tasas y fortalecimiento del dólar. La suba del precio del petróleo y el temor de que la inflación se acelere más de la cuenta presionaron sobre todos los rendimientos de los bonos del Tesoro, así como también sobre los del resto del mundo, que alcanzaron los niveles más altos en más de una década. Concretamente, la UST2Y avanzó 20 pb y cerró en 4,08% –el nivel más alto desde febrero de 2025–, y la UST10Y terminó en 4,60%, 23 pb por encima de la semana previa, llevando la inflación implícita en los bonos a 2,5% anual. Igual tendencia tuvieron los bonos largos de otros países desarrollados, como el de Alemania, que cerró en 3,15% (+15 pb en la semana); el de Japón, que llegó hasta 2,71% (+23 pb semanal); y los bonos de Reino Unido, que fueron los más golpeados al finalizar en 5,18% (+26 pb en la semana). En este contexto de mayor incertidumbre, el dólar se recuperó de la caída que venía mostrando y tuvo un fortalecimiento generalizado, con la única excepción del yuan, que operó prácticamente sin cambios: el DXY se apreció 1,4%, impulsado por el alza de 2,3% frente a la libra, 1,4% ante el euro y 1,3% contra el yen, por lo que, con esta dinámica, en mayo el DXY gana 1,3% y en el año, 1,0%. El real brasileño, que venía siendo la moneda más apreciada, sintió el impacto global potenciado por cuestiones internas –recordemos que este año hay elecciones presidenciales y Lula mantiene una posición competitiva–, por lo que el dólar ganó 3,3% y cerró en USDBRL 5,06, acumulando en mayo una suba de 2,1% y reduciendo la apreciación en lo que va del año a 7,7%.
Los mercados en rojo. La semana fue de mayor a menor para los mercados financieros globales, incluso con un muy mal cierre el viernes, con caídas generalizadas en consonancia con la suba del petróleo y el fortalecimiento del dólar. La renta fija se llevó la peor parte: el alza de los rendimientos de los bonos del Tesoro tuvo un fuerte impacto en toda la curva, con el índice agregado de bonos americanos –públicos y corporativos– retrocediendo 1,2% en la semana, lo que también golpeó a los bonos de mercados emergentes, que perdieron 1,5%, por lo que en ambos casos acumulan una baja de 1,1% en lo que va de mayo. En el caso de las acciones americanas, el comportamiento fue más moderado, con algo más de resistencia y manteniéndose en niveles récord, dado el soporte que les sigue dando la excelente temporada de balances del 1Q26 –como comentamos la semana pasada, con más del 90% de los balances presentados, apuntan a un alza de los beneficios del 25% i.a.–. Concretamente, el S&P 500 cerró con una suba semanal de 0,2%, acumulando en mayo una ganancia de 2,9% y de 8,4% en lo que va del año. El soporte de la semana lo aportó el sector energético, que avanzó 6,7% y compensó el débil desempeño del resto de los sectores, mientras que la ganancia del mes se apoya en el sector tecnológico, que acumula un alza de 10,5%. En tanto, respecto del acumulado del año, todos los sectores marcan buenos resultados, a excepción de salud, bancos y consumo discrecional. El Nasdaq cerró prácticamente sin cambios en la semana, acumulando en el mes una suba de 5,4% y de 13,2% desde fines de 2025, al tiempo que el Dow Jones marcó una caída semanal de 0,2%, acumulando en mayo un retroceso de 0,3%, aunque en el año gana 3,1%. Diferente fue la performance de las acciones del resto del mundo, que la última semana perdieron 2,8%, con bajas generalizadas, entre las que se destacaron las de Brasil y Europa, que cedieron 7,4% y 2,8%, respectivamente. Con esto, en lo que va de mayo, el índice de acciones global sin EE. UU. sube 0,1% gracias al soporte de Japón, que gana 2,2%, en tanto que Brasil y Europa acumulan una caída de 8,7% y 1,0%, respectivamente.
Lo que viene. A la espera de novedades en torno al conflicto en Medio Oriente, las miradas de la semana estarán en las actas de la última reunión del FOMC, ya que los inversores buscarán señales sobre la trayectoria de las tasas de interés tras los recientes datos de IPC e IPP. Los resultados corporativos también serán protagonistas, y se espera que Nvidia supere las expectativas del mercado en su muy ansiado informe. Otros resultados destacados incluyen los de Walmart y The Home Depot. En el ámbito económico, la agenda es “liviana”, dado que solo se destaca una serie de indicadores relacionados con la vivienda. Se espera que la construcción de viviendas disminuya, mientras que se prevé un ligero aumento en los permisos de construcción. Se proyecta que las ventas de viviendas pendientes aumenten un sólido 1,6%, y que el Índice del Mercado de la Vivienda de la NAHB se mantenga sin cambios en 34. Asimismo, se conocerá la lectura preliminar del PMI global de S&P, que mostraría un crecimiento continuo en la actividad del sector privado en mayo, a pesar del impacto del conflicto de EE. UU. con Irán. También se publica la estimación final del índice de confianza del consumidor de Michigan correspondiente a mayo –recordemos que el preliminar dio una fuerte caída–.


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